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lunes, 28 de septiembre de 2026

Cuando comemos para calmar la ansiedad


 

¿Te ha pasado que estás preocupado, estresado o ansioso y, de pronto, sientes unas ganas enormes de comer?

No necesariamente porque tengas hambre. Tal vez acabas de comer, pero aparece ese deseo de comer algo dulce, una galleta, chocolate, papitas, pan… y piensas: “Solo voy a comer un poquito”. Y cuando te das cuenta, ya terminaste comiendo mucho más de lo que tenías pensado.

Después puede aparecer la culpa: “¿Por qué hice esto otra vez?”, “No tengo fuerza de voluntad” o “Mañana voy a empezar la dieta nuevamente”.

Pero hoy quiero que miremos este comportamiento desde otro lugar.

Porque muchas veces no estamos comiendo solamente para alimentar nuestro cuerpo; estamos intentando regular lo que sentimos.

 ¿Qué significa comer para calmar la ansiedad?

Primero tenemos que diferenciar el hambre física del hambre emocional.

El hambre física generalmente aparece de manera progresiva. Nuestro cuerpo nos va dando señales: vacío en el estómago, falta de energía, sensación de hambre.

En cambio, cuando comemos como respuesta a la ansiedad, muchas veces el deseo aparece de manera repentina y está dirigido hacia determinados alimentos.

Por ejemplo: “Necesito chocolate.”

No es simplemente “tengo hambre y cualquier alimento me sirve”. Es: “necesito ese chocolate, esa galleta o ese postre ahora mismo”.

¿Por qué ocurre?  Porque comer puede producir una sensación momentánea de placer, alivio o distracción. Entonces nuestro cerebro aprende algo muy sencillo: “Cuando me siento mal, comer me ayuda a sentirme mejor.”

Y así puede comenzar un círculo:

Ansiedad → deseo de comer → consumo → alivio momentáneo → culpa o malestar → nuevamente ansiedad.

 

Otro ejemplo.  

Imaginemos a una persona que tuvo un día difícil. En el trabajo tuvo problemas, recibió una crítica de su jefe, discutió con su pareja y llegó a casa cansada.

Se sienta frente al televisor y piensa:

“Hoy ha sido un día horrible. Me voy a comer algo para relajarme.”

Abre la refrigeradora, encuentra un postre y comienza a comer.

Mientras come piensa: “Esto me hace sentir mejor.”

Y efectivamente, durante unos minutos siente placer y disminuye la tensión.

El problema es que el alimento no resolvió aquello que generó la ansiedad.

El problema del trabajo continúa.

La discusión continúa.

El cansancio continúa.

Entonces podemos decir que la comida funcionó como un calmante emocional momentáneo, pero no como una solución al problema.  Y esto es importante entenderlo sin juzgarnos.

 

Pero a veces no se trata simplemente de “tener fuerza de voluntad”

A veces escuchamos frases como:  “Solo tienes que controlarte.”   “Si realmente quisieras bajar de peso, no comerías eso.”

La conducta alimentaria es mucho más compleja que simplemente decidir “como” o “no como”.

En momentos de estrés o ansiedad, nuestro sistema emocional puede buscar rápidamente algo que proporcione alivio.

Por eso, decirle a una persona “simplemente no comas” puede ser poco útil.

Tenemos que preguntarnos: ¿Qué está intentando regular esa persona a través de la comida?

Puede ser ansiedad.

Puede ser aburrimiento.

Puede ser soledad.

Puede ser tristeza.

Puede ser frustración.

Puede ser cansancio.

Incluso puede ser una manera de darse un pequeño premio después de un día difícil.

 

Entonces ¿Cómo saber si estoy comiendo por ansiedad?   Podemos hacernos algunas preguntas.

Primero:

¿Tengo hambre física o apareció de repente el deseo de comer?

Segundo:

¿Me comería cualquier alimento o estoy buscando específicamente uno?

Por ejemplo, si acabas de almorzar y dices:

“No tengo hambre, pero necesito comer algo dulce”,  vale la pena detenerse y observar qué está ocurriendo.

Tercero:

¿Qué estaba sintiendo justo antes de querer comer?

Quizás estabas preocupado.

Quizás tuviste una discusión.

Quizás estabas aburrido.

Quizás estabas trabajando durante muchas horas.

 Y una cuarta pregunta:

¿Qué espero conseguir al comer esto?

Puede ser:

“Quiero relajarme.”

“Quiero distraerme.”

“Quiero dejar de pensar.”

“Quiero sentir placer.”

Esta última pregunta es especialmente importante porque nos permite descubrir que quizás la necesidad real no es comer, sino regular una emoción.

 

Entonces, ¿Qué podemos hacer?  No se trata de prohibirnos todos los alimentos que disfrutamos.

Comer también puede ser una experiencia placentera y saludable.

El objetivo es aprender a reconocer cuándo estamos comiendo por hambre y cuándo estamos utilizando la comida principalmente para manejar una emoción.

Una estrategia sencilla es hacer una pausa de unos minutos.  

 No para decirnos:  “No puedo comer”, sino para preguntarnos:  “¿Qué necesito en este momento?”

Quizás necesito comer.

Pero quizás necesito descansar.

Necesito hablar con alguien.

Necesito salir a caminar.

Necesito respirar.

Necesito resolver algo que estoy evitando.

Necesito llorar.

Necesito poner un límite.

O simplemente necesito dormir.

 

Una pequeña herramienta

Podemos utilizar esta secuencia:

PARO – OBSERVO – IDENTIFICO – ELIJO.

Paro: hago una pausa antes de comer impulsivamente.

Observo: ¿qué está pasando en mi cuerpo y en mi mente?

Identifico: ¿qué estoy sintiendo? ¿Ansiedad, tristeza, aburrimiento, frustración?

Elijo: ¿qué puedo hacer para atender esa necesidad?

Por ejemplo: “Estoy muy ansiosa y quiero comer chocolate.”

En lugar de decir: “No puedo comer chocolate.”

puedo decir: “Estoy sintiendo ansiedad. Antes de decidir, voy a respirar, tomar agua y caminar diez minutos. Después voy a decidir si realmente quiero comer.”

La diferencia es importante.

No estamos luchando contra nosotros mismos. Estamos aprendiendo a elegir.

Finalmente, algo fundamental:

Si un día comemos más de lo que queríamos, no necesitamos castigarnos.

No necesitamos pensar:  “Ya arruiné todo.”

Ni: “Mañana no voy a comer nada.”

Ni hacer ejercicio como castigo.

Porque la culpa puede aumentar nuevamente la ansiedad y volver a alimentar el mismo ciclo.

Es mucho más útil preguntarnos:

“¿Qué ocurrió antes de que comiera de esta manera?”

Quizás encontramos que llevábamos varios días durmiendo mal.

O que estábamos atravesando una situación difícil.

O que habíamos restringido demasiado la alimentación.

O que estábamos acumulando emociones.

Entonces el episodio se convierte en información.

No es un fracaso; es una oportunidad para conocernos mejor.

Una reflexión importante: La comida puede proporcionar placer, pero no debería convertirse en nuestra única estrategia para sentirnos mejor.

Si cada vez que estamos ansiosos recurrimos a comer, poco a poco podemos reducir nuestro repertorio de estrategias para manejar las emociones.

Por eso necesitamos construir otras formas de regulación emocional.

-Hablar.

-Descansar.

-Mover el cuerpo.

-Respirar.

-Resolver problemas.

-Buscar apoyo.

-Aprender a tolerar el malestar.

-Y también aprender a reconocer nuestras necesidades.

Porque una emoción desagradable no necesariamente necesita desaparecer inmediatamente.

A veces necesitamos aprender a decir: “Estoy ansioso y puedo tolerar esta sensación sin tener que hacer algo impulsivamente para que desaparezca.”

La próxima vez que tengas unas ganas repentinas de comer, especialmente cuando no tienes hambre física, antes de juzgarte haz una pausa y pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué necesito realmente?   Y una pregunta todavía más profunda:

“Si la comida no fuera una opción en este momento, ¿qué necesitaría hacer para sentirme un poco mejor?”

Quizás ahí encontremos la verdadera necesidad.

Y recuerda:  No se trata de dejar de comer para calmar la ansiedad. Se trata de aprender a no necesitar siempre la comida para calmarla.

Si sientes que comer emocionalmente se ha vuelto frecuente, difícil de controlar o está acompañado de mucha culpa o malestar, buscar ayuda psicológica y, cuando corresponda, busca ayuda nutricional, ello puede ser una buena manera de comprender qué está ocurriendo y desarrollar estrategias más saludables.

 

domingo, 22 de febrero de 2026

El Agotamiento Emocional

 

A veces, lo más productivo que puedes hacer es descansar

Ps. Rocxana Croce P.

Imaginen que tienen un tanque de gasolina para sus emociones. El agotamiento emocional ocurre cuando ese tanque llega a cero debido al estrés cotidiano: el trabajo, la familia, las expectativas constantes.

El agotamiento emocional, es una señal de que has llevado por mucho tiempo más carga de la que tu mente y tu cuerpo pueden sostener.

 

¿Qué es el agotamiento emocional

El agotamiento emocional es un estado de desgaste profundo que aparece cuando vivimos bajo estrés constante: responsabilidades, problemas familiares, exceso de trabajo, exigencias internas, o situaciones que nos sobrepasan por mucho tiempo.

No es “ser débil”. Es el cuerpo y la mente diciendo: “Necesito una pausa”.

 

Señales de que podrías estar agotado emocionalmente

- A nivel físico:

El cansancio que no mejora con el descanso.

Los dolores de cabeza o tensiones musculares son frecuentes.

Cuando tienes la sensación de que el cuerpo pesa más de lo normal.

- A nivel emocional:

La presencia de irritabilidad sin motivo claro.

La sensación de estar “apagado” o desconectado.

Te cuesta sentir disfrute o motivación.

- A nivel mental:

Presencia de dificultad para concentrarte.

Los olvidos constantes.

El sentir que todo es “demasiado” o que ya no puedes más.

- En la vida cotidiana:

Cuando te cuesta tomar decisiones simples.

Cuando te frustras por pequeñas cosas.

Cuando empiezas a evitar actividades o personas porque no tienes energía.

 

¿Cuáles son las razones que producen agotamiento emocional?

El agotamiento emocional aparece cuando:

-Cargas con demasiadas responsabilidades. Incluso puedes dar sin medida y olvidarte de saber recibir. Es como te basta con la alegría del otro.

-Vives la vida de otros, dejando de lado tu vida propia.

-Te exiges perfección lo cual es agotador y malo para la salud mental.

-No pones límites. Ceder y ceder a todo a costa de tu propio bienestar.

-Acompañas emocionalmente a muchas personas sin recibir apoyo, como si fueras de acero. Ser solo una gran oreja que escucha y no es escuchado

-Vives situaciones prolongadas de estrés, conflicto o incertidumbre. Creer que tienes que aguantar y resistir. En vez de encontrar una nueva forma de seguir adelante.

 Tu cuerpo tiene un límite… y cuando lo sobrepasas, pasa factura.


¿Qué puedes hacer para recuperarte?

1- Reconoce que estás agotado, que no es rendirse, es empezar a cuidarte.

2- Baja la velocidad. Aunque sea por momentos del día: haz pausas cortas, respirar, estirarte, cerrar los ojos.

3- No todo es urgente. Decide qué puedes delegar, soltar o postergar.

4- Pon límites. Decir “no puedo ahora” también es salud mental.

5- Recupera pequeñas rutinas que te regulen: Duerme bien. Camina 10–15 minutos. Come con más orden. Ten momentos sencillos de autocuidado.

6- Habla con alguien de confianza. No lleves todo solo. A veces verbalizar lo que pasa ya aligera el peso.

7- Busca apoyo profesional si te sientes sobrepasado. La psicoterapia ayuda a reorganizar tu vida emocional, tus expectativas y tus límites.

El agotamiento emocional no aparece de un día para otro, y tampoco se va de inmediato. Pero cuando empiezas a escucharte y a ajustar tu ritmo, tu cuerpo responde.

Recuerda: descansar no es un premio, es una necesidad básica.


domingo, 25 de agosto de 2024

Síndrome del Impostor

Ps. Rocxana Croce P.
 

David Bowie contaba en sus entrevistas que solía despertarse con frecuencia pensando que era un fraude. Sus éxitos, en su mente, se debían solo a la casualidad. 

Lo mismo le sucede a Lady Gaga que, de vez en cuando, se percibe aún como esa adolescente que, víctima del bullying, dudaba de sus valías.


El síndrome del impostor es una sensación generalizada de inseguridad e incompetencia que afecta a personas capaces.

Es como una sombra que opaca todo talento.

Hay que señalar que no conforma ninguna entidad clínica por sí misma en el DSM-V. Como bien señalan en la revista "Psichoterapy", constituye una realidad psicológica en la cual, asumes que tus éxitos se deben a factores externos como la suerte o la ayuda de otras personas.

Fue descrito por primera vez en un artículo en 1978 por las doctoras Pauline Clance y Suzanne Imes. Las psicólogas habían notado una tendencia de muchas mujeres a expresar con dudas y temores sus grandes logros académicos y profesionales.

Hoy en día se ha aceptado que el síndrome del impostor afecta tanto a las mujeres como a los hombres y que no hace falta haber conseguido grandes éxitos en la vida laboral para sufrirlo. Sin embargo, algo que los psicólogos destacan en las personas que lo padecen es la presencia de una baja autoestima, un historial académico poco relevante, numerosas críticas durante la infancia o adolescencia, falta de seguridad personal, así como una pérdida de confianza en uno mismo.

El síndrome del impostor nos hace sentirnos equivocadamente indignos de los éxitos que logramos, movidos por la creencia de que no estamos a la altura de las circunstancias o de que lo que conseguimos sucede más por azar que por méritos propios. Un fenómeno que se presenta en hombre y mujeres suele afectar más a estas por la inequidad que, aún en la actualidad, se presenta en el mundo laboral.

Vivir en una sociedad como la actual, donde se magnifica el concepto de éxito y se penaliza el fracaso, puede también contribuir a generar un pensamiento infundado de que no somos lo suficientemente buenos.

El contexto social, familiar y profesional juega por eso un papel muy relevante en la aparición del síndrome del impostor, ya que las mujeres tienen, en general, que hacer frente a una mayor presión laboral que menoscaba su seguridad.

Aunque el síndrome del impostor (o impostora) se da prácticamente en cualquier ámbito laboral, los expertos consultados señalan con mayor énfasis a aquellos puestos de responsabilidad y dirección, principalmente de empresas tecnológicas, donde las mujeres están infrarrepresentadas; en contextos de emprendimiento y entornos académicos.

A menudo, las personas con Síndrome del Impostor sienten que no merecen el éxito que han obtenido y temen que se descubra que son un "farsante".

El síndrome del impostor puede ser muy debilitante y difícil de superar, pero hay muchas formas en que se puede afrontar. 

 

Signos y síntomas del Síndrome del Impostor

1ro-Constante sentimiento de inferioridad frente a los demás.

2do-Una sensación repetida de no merecer el éxito conseguido. La persona piensa que sus logros se deben a la suerte o a la ayuda recibida por sus compañeros.

3ro-Un temor a que se descubra “la verdad”, es decir, que la persona no se merece estar donde está en su vida laboral o que no es tan competente como los demás pensaban.

4to-Las constantes expectativas de fracaso, incluso en situaciones en las que normalmente consigue el objetivo marcado, dudas de sus capacidades.

5to-Una desconfianza hacia sus propias capacidades personales y/o baja autoestima.

6to-Ser demasiado crítico con uno mismo y perfeccionista.

 

Causas del Síndrome del Impostor

El síndrome del impostor es un fenómeno que se caracteriza por una sensación persistente de inadecuación y un profundo miedo a ser descubierto como un "fraudulento".

A menudo, las personas que sufren el síndrome del impostor son exitosas, pero nunca se sienten merecedoras de sus logros.

En lugar de atribuir el éxito a su propio talento o esfuerzo, culpan a la suerte o al azar.

 

Consejos prácticos para frente al Síndrome del Impostor

1-Acepta que todos tienen momentos de duda: Es normal sentirse como un impostor de vez en cuando. Lo importante es reconocer estos momentos y no permitir que se apoderen de ti.

2-Haz una lista de tus logros: Toma un papel y enumera todas las cosas en las que has logrado éxito. Esto te ayudará a recordar todo lo que has logrado y te hará ver tu progreso.

3-Identifica tus miedos: ¿Qué es lo que realmente te preocupa? ¿Te sientes inseguro porque no eres bueno en todos los aspectos de tu vida? Una vez que identifiques tus miedos, podrás trabajar en ellos.  

4-Acepta que todos cometen errores: No eres el único que ha cometido un error. Todos lo hacemos. Lo importante es aprender de los errores y evitar cometerlos en el futuro.

5-Pide ayuda: No tienes porqué saberlo todo, y es normal preguntar cuando no entiendes algo. Esto puede ayudarte a ver las cosas desde una perspectiva diferente y puede que te sientas más seguro al saber que estás recibiendo apoyo.

6-Toma descansos regulares: cuando nos sobre exigimos y no descansamos lo suficiente podemos, caer en el síndrome del impostor más fácilmente. Tomate un tiempo para relajarte y descansar, es importante para mantener tu nivel de energía alto y evitar sentirte agobiado.

7-Aprende a decir "no": Esto te ayudará a sentirse más seguro de tu trabajo y evitará que te sientas abrumado por tareas demasiado grandes.

8-Acude a un especialista de la salud mental: Si te sientes muy agobiado y cansado, quizás la mejor forma de abordar el problema es hablar con un especialista de la salud mental.  
 

9-Aprender a confiar en uno mismo es un trabajo que conlleva tiempo, esfuerzo y paciencia. En ese sentido, adquirir nuevos conocimientos y prepárate constantemente es una buena forma de forjar la confianza.

Al abordar el síndrome del impostor, lo central es trabajar en tus cogniciones y creencias. En aquello que piensas de ti y en las narrativas que has integrado de tu entorno y de la propia sociedad.

 

Veamos alguno enfoques y estrategias:

Autoconciencia: si luchas con esta condición, es imprescindible que identifiques los pensamientos y emociones que refuerzan la idea sesgada de que eres un fraude. Es necesario que analices tus diálogos internos y los mensajes que te han hecho creer en tu familia desde la infancia.

Desarrollo de la autoestima: trabajar tu autoestima y tu autovaloración es fundamental con el fin de potenciar tu autoaceptación y autoconfianza.

Terapia basada en la lógica (LBT): este modelo, creado por Elliot D. Cohen en los 80, parte de la terapia racional-emotiva de Albert Ellis. Es muy útil para tratar la baja autoestima y la percepción de ser un fraude gracias a sus herramientas.

Reestructuración cognitiva: La Terapia Cognitivo Conductual es la más recomendada a la hora de identificar y cambiar los patrones de pensamiento negativos y distorsionados que contribuyen a esta condición psicológica. El objetivo es reemplazar tales cogniciones por un enfoque mental más positivo.

Celebra tus logros: serás más feliz si valoras tus éxitos y competencias por pequeños que estos sean. Reconocer tus capacidades es defender tu espacio en la sociedad y entender, a su vez, que eres digno para conquistar tus sueños.

 

Por último, recuerda que eres un ser humano que debe valorarse, quererse y respetarse más. Mírate a ti mismo y aprecia lo que has conseguido, sigue avanzando porque crecer implica, a su vez, sortear los miedos e inseguridades para hacer realidad tus deseos.

martes, 26 de diciembre de 2023

El síndrome de burnout

 

"A veces, lo más productivo que puedes hacer es relajarte."  Mark Black

 

Aunque, en pequeñas dosis, el estrés puede ayudar a centrarnos y actuar con rapidez, sin embargo, cuando este estado se vuelve constante, se convierte en un problema crónico que debemos evitar a toda costa.

La OMS reconoce el síndrome del burnout, “síndrome de estar quemado” o de desgaste profesional, describiéndolo como un trastorno emocional fruto de una situación de estrés crónico.

El burnout es un estado generalizado de agotamiento provocado por un alto nivel de estrés. Este malestar puede ser físico, mental o emocional y estar muy relacionado con la actividad laboral que desempeñan las personas.


Los síntomas de burnout

Si bien cada persona vive el estrés de diferente manera, lo cierto es que existe un cuadro de síntomas específicos que caracterizan el burnout. Estos son los más recurrentes:

1.Problemas cognitivos: el estrés prolongado puede afectar a la concentración, la memoria y la toma de decisiones.

2.Disminución en la autoconfianza: producida por un sentimiento de insuficiencia que se refuerza en tanto que las personas no pueden cumplir con todos los pendientes.

3.Trabajar con irritabilidad y enojo.

4.Dificultad para dormir: relacionada con las preocupaciones constantes o con las afectaciones físicas y del ciclo de sueño.

5.Dolores musculares: detonados por un incremento en la tensión física o por dedicar mucho tiempo en una misma actividad. 

6.Cefalea o mareos: provocados por pasar horas continuas ante la computadora o por forzar las capacidades mentales para resolver problemas. 

7.Problemas gastrointestinales: vivir una situación de estrés laboral puede alterar la función digestiva, causando síntomas como dolor abdominal, diarrea, estreñimiento y acidez estomacal

8.Fatiga: derivada de la actividad física y mental extrema, así como por agotar las energías en jornadas de trabajo extenuantes.

9.Depresión: propiciada cuando los anteriores síntomas afectan el comportamiento de las personas, lo que genera una mala imagen propia, falta de seguridad y desmotivación.

10.Nerviosismo constante: originado por la falta de seguridad, incertidumbre y temor ante el fallo.

Cambios de comportamiento que pueden derivar en emociones extremas, tales como conducta explosiva o impulsos irracionales: ocasionados por una falta de control psicosocial, aislamiento social.

Por lo general, estos indicios se presentan de forma conjunta, pero algunas personas tienen aptitudes más desarrolladas para lidiar con ciertos efectos del estrés, así que no presentan todos los signos de burnout.

De cualquier modo, lo más importante es saber identificar cuando alguien en tu equipo de trabajo está atravesando por esta situación o, incluso, cuando tú mismo lo padeces. Solo de este modo, podrás actuar para mejorar las condiciones de trabajo de las personas.   

 

Causas de burnout relacionadas con el trabajo

-        Sentir que tiene poco o ningún control sobre su trabajo.

-        Falta de reconocimiento o recompensa por el buen trabajo.

-        Expectativas laborales poco claras o demasiado exigentes.

-        Hacer un trabajo que sea monótono.

-        Trabajar en un ambiente caótico o de alta presión.

-        Causas del estilo de vida de burnout

-        Trabajar demasiado, sin tiempo suficiente para socializar o relajarse.

-        Falta de relaciones cercanas y de apoyo.

-        Asumir demasiadas responsabilidades, sin suficiente ayuda de otros.

-        No dormir lo suficiente.

-        Los rasgos de personalidad pueden contribuir al burnout

-        Tendencias perfeccionistas; nada es lo suficientemente bueno.

-        Visión pesimista de usted mismo y del mundo.

-        La necesidad de tener el control; renuencia a delegar a otros.

 

¿Cómo enfrentar el síndrome burnout?

Hay una gran variedad de herramientas y estrategias que puedes implementar para tomar medidas contra el agotamiento en el trabajo.

Sé proactivo: Planifica y gestiona adecuadamente el contenido de tu trabajo para prevenir la sobrecarga laboral. Es mucho más fácil prevenir el Síndrome de Burnout que solucionarlo una vez que ya se produjo. 

Conciliar con límites claro: Es importante establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal. Definir tiempos de descanso, desconexión digital y actividades de ocio para equilibrar las responsabilidades laborales.

Marca los límites: Todas las causas del burnout tienen algo en común: la presión externa. Una de las mejores maneras de revertirlo es importante establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal. Es importante definir tiempos de descanso, desconexión digital y actividades de ocio para equilibrar las responsabilidades laborales.

Cuídate: Con mucha frecuencia, el síndrome surge porque dedicamos demasiado tiempo al trabajo y nada a nosotros mismos. Dedícate tiempo, haz algo que te guste y fíjate si puedes dejar de pensar en el trabajo durante una hora, una tarde o un fin de semana completo.

Practicar técnicas de relajación: Realizar actividades como meditación, mindfulness o yoga puede ayudar a reducir los niveles de estrés y a sentirse más relajado.

Realiza actividad física: El ejercicio ayuda a descargar la tensión. Se recomienda hacer una caminata diaria de, al menos, 20 minutos.

Desarrolla la resiliencia: Forja buenas relaciones en el entorno laboral. Muchas veces, el burnout se produce porque estás aislado y, a la vez, bajo mucha presión. Una buena opción para fortalecer la resiliencia con el fin de prevenir el agotamiento es cultivar las buenas relaciones en el trabajo. De este modo, si las presiones empiezan a acumularse, tendrás el apoyo social de tus compañeros para que te ayuden.

Jerarquiza tus objetivos: Esto no significa que no vayas a tener mucho trabajo más adelante, sí implica tener una idea clara a qué darle prioridad, qué es lo importante en tu trabajo en el aquí y el ahora. Además, si la presión se acumula y necesitas deshacerte de algo de trabajo, puedes priorizar las tareas más importantes con efectividad.

De igual forma sugerimos ser conscientes de nuestras capacidades, saber delegar y saber desconectar de los dispositivos tecnológicos cuando estamos compartiendo con las personas que queremos.

Solicitar ayuda: No hay que tener miedo de buscar ayuda profesional a través de psicólogos especialistas en estrés laboral.


Todas estas recomendaciones te ayudarán a disminuir el riesgo de padecer el Síndrome Burnout, aunque es necesario comprender que la prevención es la mejor cura.

El burnout es una señal innegable de que algo importante en su vida no está funcionando. Tómese el tiempo para pensar en sus esperanzas, metas y sueños. ¿Está descuidando algo que es realmente importante? Esta puede ser una oportunidad para redescubrir lo que realmente le hace feliz, reducir la velocidad y darse tiempo para descansar, reflexionar y sanar.

"Casi todas las cosas volverán a funcionar si las desenchufas por unos minutos... incluso tú."  Anne Lamott.

Ps. Rocxana Croce


domingo, 11 de julio de 2021

Valorando las emociones positivas

 

"Cambia tu atención y cambiarás tus emociones. Cambia tu emoción y tu atención cambiará de lugar" (Frederick Dodson)

Cuando preguntamos a las personas qué emociones positivas han sentido en el día, por lo general es frecuente que digan frases como “Hoy no ha pasado nada especial. “No sabría decir ninguna ahora mismo…”.

La gran mayoría de los días, son días rutinarios sin nada “extraordinario”; los días con momentos bonitos, agradables pasan desapercibidos por no prestarles atención. No esperemos a que ocurran grandes cosas para sentirnos bien.

La clave está en cambiar el foco y mirar con una especie de lupa las “pequeñas grandes cosas” que nos ocurren, poniéndoles nombre a esas emociones que sentimos. Incluso encerrados en casa o en circunstancias adversas podemos sentir más emociones agradables de las que podamos creer.

Te proponemos un ejercicio sencillo:

Registra cada día dos emociones positivas que hayas sentido y qué crees que la ha provocado

 

Día

¿Qué emoción agradable?

Qué la ha provocado

X Junio

 

Alegría 

Mi papá me dio un fuerte abrazo

Sorpresa

Me ha escrito un mensaje una amiga del colegio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                

domingo, 27 de diciembre de 2020

Aprendizajes: convivir con los miedos.

 

"El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son". Tito Livio.

Ps. Rocxana Croce P.

Las personas somos pensamientos, emociones y conductas.

Frente a una situación o hecho, surge un pensamiento que de inmediato se conecta a una emoción.

Las emociones son imprescindibles para sobrevivir: la alegría, la esperanza, ilusión hacen que la vida resulte más placentera y cómoda.

Pero además, existen emociones como la ira, el miedo, la tristeza, la vergüenza, que hacen que la vida sea poco agradable o menos amable.

Por ejemplo el miedo es una emoción básica y necesaria para sobrevivir porque nos permite identificar los peligros,  reaccionar ante las  amenazas que ponen en riesgo nuestras vidas y permite poder prevenir y ponernos en estado de alerta frente a los peligros y buscar alternativas para poder sobrevivir ante las nuevas adversidades.

¿Cómo gestionamos los miedos?

1- Identificar el origen del miedo.

¿Por qué siento miedo? ¿Cuál es el pensamiento que hace que me ponga alerta?

2- En un papel, escribir el miedo.

Nombrarlo, definirlo.

3- Buscar alternativas.

Como cuando tenemos una rueda de soluciones, escribir las alternativas, dificultades y las estrategias que utilizaremos.

4- Analizar los recursos que tenemos.

Con qué y con quién contamos. ¿Necesito ayuda profesional?  ¿Quién me puede ayudar? ¿Con qué recursos cuento? (personal, económico, etc.).

5- Realizar un plan de acción.

Escribir los objetivos a corto, mediano y largo plazo, con fechas. Poco a poco dar pequeños pasos y valorarlos (por pequeños que sean).

6- No rendirse.

En momentos de flaqueza o decaimiento es probable que los miedos aparezcan con más fuerza. Aceptar que habrán momentos que avanzaremos y otros que retrocederemos unos pasos, lo importante es no rendirse y tener paciencia con uno mismo.

7- Por último: relajarnos, distraernos para “ventilarnos” mentalmente, porque es necesario saber disfrutar de la vida, tener buenos momentos para generar buenas emociones.  Mucho dependerá de nuestra actitud y habilidades emocionales para saber convivir con el miedo.


Cuando comemos para calmar la ansiedad

  ¿Te ha pasado que estás preocupado, estresado o ansioso y, de pronto, sientes unas ganas enormes de comer? No necesariamente porque teng...