¿Qué puede ser más difícil para una persona que vive con VIH: enfrentar el virus o enfrentar el miedo al rechazo de los demás?
Porque
cuando hablamos de VIH, no solamente hablamos de una condición de salud.
También hablamos de emociones, relaciones, autoestima, sexualidad y, sobre
todo, de estigma.
VIH NO ES LO MISMO QUE SIDA
Primero,
aclaremos algo importante: VIH y sida no son lo mismo.
El VIH es el
virus de la inmunodeficiencia humana. Cuando una persona adquiere el VIH, el
virus afecta su sistema inmunológico.
Pero
actualmente existen tratamientos que permiten controlar el virus y que las
personas que viven con VIH puedan llevar una vida larga y saludable.
El sida, en
cambio, es una etapa avanzada de la infección por VIH que puede aparecer cuando
la infección no ha sido tratada adecuadamente.
¿Por qué comienzo haciendo esta aclaración? Porque todavía existen muchas ideas antiguas y equivocadas alrededor del VIH.
Y cuando
existe desinformación, fácilmente aparecen el miedo y los prejuicios.
Aquí aparece
una palabra muy importante: Estigma
El estigma
ocurre cuando una persona es etiquetada negativamente debido a una
característica, condición o situación.
En el caso
del VIH, puede aparecer cuando pensamos que una persona con VIH necesariamente
ha tenido determinadas conductas sexuales, cuando asumimos que sabemos cómo
adquirió el virus o cuando creemos que debemos mantenernos alejados de ella.
Incluso
todavía hay personas que creen que pueden adquirir el VIH por abrazar a
alguien, compartir un vaso, sentarse a su lado o utilizar el mismo baño.
Y no es así.
El VIH no se
transmite por esos contactos cotidianos.
Pero el
problema es que estos prejuicios no solamente generan discriminación. También
pueden tener consecuencias psicológicas importantes.
Por ejemplo,
una persona puede sentir tanto miedo de ser rechazada que prefiera no contarle
a nadie su diagnóstico.
Incluso
puede evitar hacerse una prueba por temor a descubrir el resultado.
Y aquí vemos
cómo el estigma puede convertirse en una barrera para el cuidado de la propia
salud.
EL MIEDO AL
RECHAZO
Imaginemos
por un momento que una persona recibe un diagnóstico de VIH.
Es posible
que inicialmente sienta miedo, preocupación, tristeza o incertidumbre.
Y eso es
comprensible.
Pero quizá
aparece otro tipo de miedo:
“¿Qué van a
pensar de mí?”
“¿Mi pareja
me va a dejar?”
“¿Mi familia
me va a rechazar?”
“¿Podré
volver a tener una relación?”
“¿Alguien
querrá estar conmigo?”
Entonces
podemos comprender que el impacto psicológico de un diagnóstico no depende
únicamente de la condición médica.
También
depende de cómo creemos que los demás van a reaccionar frente a ella.
Y para
algunas personas, ese miedo al rechazo puede llegar a ser tan intenso que
comienzan a aislarse, a ocultar información importante o a cuestionar su propio
valor.
EL ESTIGMA Y
LA SALUD MENTAL
Cuando una
persona siente que debe esconder una parte importante de su vida por miedo a
ser juzgada, puede experimentar ansiedad, tristeza, vergüenza, culpa o soledad.
Y existe
otro riesgo: comenzar a pensar que el diagnóstico define quién es.
Por eso
quiero hacer una distinción muy sencilla, pero muy importante:
Una persona
tiene VIH, pero no “es” el VIH.
Su
diagnóstico es una condición de salud. No define su personalidad, sus
capacidades, sus valores, su capacidad para amar ni su valor como ser humano.
Parece una
diferencia pequeña, pero psicológicamente es enorme.
VIH Y
RELACIONES DE PAREJA
Otro tema
que puede generar mucha preocupación son las relaciones de pareja.
Una persona
que vive con VIH puede preguntarse:
“¿Cuándo se
lo digo?”
“¿Cómo se lo
digo?”
“¿Me
rechazará?”
“¿Pensará
que le he mentido?”
Estas
preguntas pueden generar mucha ansiedad.
Y aquí es
importante hablar de responsabilidad, pero también diferenciarla de la culpa.
La
sexualidad implica responsabilidad, comunicación y cuidado mutuo.
Conocer
nuestro estado de salud sexual y hablar de estos temas con la pareja forma
parte de ese cuidado.
Pero
responsabilidad no significa culpabilidad.
Tener VIH no
convierte a una persona en culpable ni en alguien moralmente inferior.
Y tampoco
deberíamos asumir automáticamente cómo adquirió el virus.
Ese tipo de
juicios es precisamente una de las formas en que funciona el estigma.
UNA VIDA CON
VIH
También es
importante saber que un diagnóstico de VIH no significa que la vida se haya
terminado.
Con
diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado, las personas que viven con VIH
pueden mantener una buena calidad de vida.
La
información científica es una de las mejores herramientas para combatir el
miedo.
Porque
cuando conocemos la realidad, podemos reemplazar los prejuicios por
conocimiento y el miedo por una actitud más responsable.
¿CÓMO
PODEMOS DISMINUIR EL ESTIGMA?
No necesitamos ser especialistas para contribuir.
Primero,
informarnos.
Muchas veces
el prejuicio nace de información antigua o incorrecta.
Segundo,
cuidar nuestro lenguaje.
Las palabras
importan.
No es lo
mismo hablar de una persona desde el respeto que reducirla a su diagnóstico.
Tercero,
respetar su privacidad.
No tenemos
derecho a divulgar la información de salud de otra persona ni a convertir su
diagnóstico en un tema de conversación.
Y cuarto,
recordar algo muy sencillo:
Una persona
con VIH sigue siendo una persona.
Tiene
sentimientos, proyectos, miedos, sueños, familia, trabajo, relaciones y una
historia que va mucho más allá de su diagnóstico.
SI ESTÁS
VIVIENDO CON VIH
Y quiero
dedicar unos minutos especialmente a ti que quizá estás leyendo este articulo y
vives con VIH.
Tal vez
algunas de las cosas que he mencionado te resulten familiares.
Quizás has
sentido miedo, vergüenza, culpa, tristeza o preocupación por lo que otras
personas puedan pensar de ti.
Quizás
incluso has pensado:
“¿Quién va a
querer estar conmigo ahora?”
“¿Cómo voy a
contarle esto a alguien que quiero?”
Si te has
sentido así, quiero decirte algo importante:
Tus
emociones son comprensibles.
Recibir un
diagnóstico puede generar un impacto emocional importante y no tienes que
obligarte a sentirte bien inmediatamente.
Date permiso
para procesar lo que estás viviendo.
Pero intenta
también diferenciar entre lo que estás sintiendo y lo que realmente eres.
Puedes
sentir vergüenza sin ser una persona vergonzosa.
Puedes
sentir miedo sin que tu futuro esté perdido.
Puedes
sentir tristeza sin que eso signifique que no volverás a ser feliz.
Y puedes
vivir con VIH sin que el VIH defina quién eres.
No tienes
que atravesar este proceso completamente solo.
Busca
personas en las que puedas confiar, que puedan escucharte sin juzgarte. Mantén
también el acompañamiento de los profesionales de salud que correspondan para
recibir información, tratamiento y orientación adecuados.
Y si notas
que la tristeza, la ansiedad, la culpa o el miedo están interfiriendo con tu
vida cotidiana, tus relaciones, tu trabajo o tu capacidad para cuidarte, buscar
apoyo psicológico puede ser una buena decisión.
La terapia
puede ayudarte a procesar emocionalmente el diagnóstico, trabajar el miedo al
rechazo, fortalecer tu autoestima y aprender a manejar las emociones que puedan
aparecer.
También
quiero recordarte algo importante:
Tu
diagnóstico forma parte de tu intimidad.
No tienes
que contárselo a todo el mundo. Puedes decidir con quién compartir información
sobre tu salud y cuándo hacerlo, teniendo en cuenta las responsabilidades de
salud sexual que correspondan.
Y si alguna
persona te rechaza por vivir con VIH, recuerda que ese rechazo no determina tu
valor como persona.
No permitas
que el estigma de los demás se convierta en la manera en que tú te miras a ti
mismo.
Tu
diagnóstico forma parte de tu historia, pero no es toda tu historia.
Sigues
siendo tú: con tus capacidades, tus vínculos, tus proyectos, tus sueños y tu
derecho a construir una vida plena.
Y, para
terminar, quiero que nos quedemos con una idea:
Cuando
hablamos del VIH, hablamos de un virus, sí.
Pero también
hablamos de miedo, prejuicios, discriminación, autoestima, relaciones,
sexualidad y salud mental.
Por eso,
combatir el VIH también implica combatir la desinformación y el estigma que
todavía existe alrededor de él.
Una sociedad
más informada es una sociedad menos prejuiciosa.
Y una
persona que recibe un diagnóstico de VIH no debería tener que enfrentarse,
además de a una condición de salud, al rechazo de los demás.
Así que la
próxima vez que escuches un comentario discriminatorio o una información falsa
sobre el VIH, recuerda que puedes hacer algo muy sencillo: informarte,
cuestionar el prejuicio y no reproducir el estigma.
Porque
detrás de cada diagnóstico hay una persona.
Una persona
que merece respeto, privacidad, cuidado y la posibilidad de continuar con su
vida y sus proyectos.
Y recuerda: un
diagnóstico puede formar parte de tu historia, pero nunca tiene por qué
convertirse en toda tu identidad.
Ps. Rocxana Croce P.

