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domingo, 5 de julio de 2026

¿Puede una inteligencia artificial reemplazar a un psicoterapeuta real?

“Doctora, he estado consultando con ChatGPT… y la verdad, me ha sorprendido. Me responde rápido, me explica cosas, incluso me ayuda a entender por qué me siento así. Pero… siento que algo falta.”

Esta frase podría sonar cada vez más familiar en consulta. Vivimos en una época en la que la inteligencia artificial está entrando en muchos espacios de nuestra vida: trabajo, educación, creatividad… y también salud mental.

Hoy muchas personas buscan respuestas emocionales inmediatas. Quieren entender si lo que sienten es ansiedad, apego, trauma, estrés o depresión. Y herramientas como ChatGPT que es un modelo de inteligencia artificial (IA), pueden ofrecer información, ideas, ejercicios básicos de reflexión e incluso una sensación inicial de acompañamiento.

Como dice el título: ¿Puede una inteligencia artificial reemplazar a un psicoterapeuta real? La respuesta corta es: no, pero sí puede ser una herramienta complementaria. Entender esta diferencia es fundamental, especialmente para quienes buscan apoyo psicológico.

¿Por qué algunas personas recurren primero a ChatGPT, Deepseek, Gemini o Copilot? La respuesta es sencilla: por la accesibilidad. Por ejemplo, ChatGPT está disponible casi de inmediato, no juzga, y puede responder en cualquier momento del día, incluso a las 3 de la mañana cuando alguien está atravesando una tristeza, insomnio o una crisis emocional.

Una persona puede escribir:

·       “¿Por qué siento miedo de que me abandonen?”

·       “¿Esto que siento es ansiedad o estrés?”

·       “¿Cómo puedo calmarme después de una discusión?”

Y recibirá una respuesta inmediata, muchas veces útil y calmante.

Veamos algunos beneficios reales:

ChatGpt, es quizá el asistente de IA conversacional más versátil y conocido, de uso general que ayuda a entender conceptos como ansiedad, trauma, autoestima, límites, dependencia emocional o ataques de pánico. Puede servir para organizar y poner en palabras los pensamientos que la persona aún no sabe expresar.  Es muchas veces el primer paso hacia pedir ayuda, porque a veces una persona comienza preguntándole a una IA y luego se anima a buscar terapia profesional. En ese sentido, ChatGPT puede ser como una “puerta de entrada” al autoconocimiento. Pero entonces… ¿qué es lo que falta?

Lo que falta es precisamente lo más humano: la relación terapéutica.

La psicoterapia no consiste solo en recibir información. Un psicoterapeuta no solo escucha palabras; observa silencios, contradicciones, patrones, historias de vida, los trauma, mecanismos de defensa, el lenguaje corporal, el tono emocional…los vínculos.

Cuando una persona dice: “Estoy bien” pero su voz se quiebra, evita ciertos temas o repite patrones de dolor, el terapeuta trabaja con múltiples niveles de profundidad que de por si una IA no puede captar completamente.

La terapia real ofrece:

  •  La presencia emocional: Sentirse acompañado por otro ser humano.
  • El vínculo terapéutico: porque La relación en sí misma de confianza y seguridad entre terapeuta y paciente, ofrece un espacio donde muchas veces se pueden reparar, sanar las heridas de abandono, rechazo o invalidación.
  • La intervención personalizada profunda: Va mucho más allá de la consejería breve (counseling), sino que ayuda a confrontar, elaborar y transformar.
  • Detección de riesgo clínico: Un profesional entrenado puede reconocer señales complejas de trauma severo, de ideación suicida, de abuso o trastornos más profundos.

Ojo: la inteligencia artificial da información… pero no trata.

Aquí está una diferencia esencial: Información no es lo mismo que tratamiento. Saber qué es ansiedad no necesariamente resuelve la ansiedad. Leer sobre apego ansioso no cambia automáticamente patrones relacionales de años. Entender intelectualmente un trauma no significa haberlo procesado emocionalmente.

Muchas personas pueden “saber mucho” sobre salud mental, pero seguir atrapadas en los mismos ciclos y patrones. Porque sanar no solo implica comprender, sino trabajar emocionalmente experiencias profundas.

Entonces ¿cuáles son los riesgos de depender solo de una IA para temas psicológicos? Aunque puede ser útil, también hay limitaciones importantes:

1.   Puede reforzar auto-diagnósticos incorrectos: Una persona puede interpretar mal sus síntomas y aumentar su preocupación.

2.       Falta contexto clínico real: Por tanto, no reemplaza la evaluación diagnóstica formal.

3.       Puede generar falsa sensación de resolución: Y en ese sentido, sentir alivio momentáneo no siempre significa cambio profundo.

4.    No sustituye intervención en crisis: Como En casos de violencia, trauma severo, riesgo suicida o trastornos complejos, se necesita apoyo profesional inmediato.

Ahora, ¿cómo usar la inteligencia artificial de forma saludable? La clave no es verlo como enemigo ni como sustituto absoluto. Puede ser útil para:

·       Llevar registro emocional

·       Entender conceptos psicológicos

·       Llevar un diario o reflexión en un cuaderno

·       Aprender estrategias básicas de regulación

Pero, por ejemplo, la inteligencia artificial no debería reemplazar:

·       Un diagnóstico clínico

·       Una terapia de pareja

·       Crisis emocionales

·       Un tratamiento psicológico

·       Procesos de TOC, trauma, etc.

Y es acá donde está el valor irremplazable de lo humano. Porque la salud mental no solo necesita respuestas; muchas veces necesita vínculo, seguridad y reparación emocional. Hay heridas que se curan no únicamente entendiendo, sino siendo escuchados de una manera distinta.

Para algunas personas, por primera vez en su vida, la terapia significa estar en un espacio donde no son juzgadas, donde alguien les ayuda a organizar el posible caos interno y a construir nuevas formas de relacionarse consigo mismas y con los demás. Eso, hasta ahora, sigue siendo profundamente humano.

En conclusión: ¿reemplazo o complemento? La IA puede ser una herramienta poderosa, educativa y accesible. Puede orientar, informar y acompañar de forma básica. Pero un psicoterapeuta ofrece algo más profundo: criterio clínico, vínculo humano, intervención terapéutica y transformación emocional.

La pregunta quizás no sea si Gemini o Copilot o ChatGPT reemplazarán a la terapia. Tal vez la pregunta más adecuada sería:

¿Cómo puede la tecnología ayudarnos a acercarnos más a nuestra salud mental sin perder el valor esencial del encuentro y cuidado humano?

Porque en un mundo cada vez más digital, seguimos necesitando algo muy antiguo y poderoso: Ser comprendidos por otro ser humano.

 Ps. Rocxana Croce P.

 

miércoles, 17 de junio de 2026

La hiperconectividad y su impacto psicológico.

 

Imagina a una persona que se despierta y lo primero que hace es revisar su celular.
Mientras desayuna sigue mirando TikTok o Instagram. Durante el trabajo recibe notificaciones constantemente y siente presión por responder rápido.

En la tarde compara su vida con lo que ve en redes. Sin darse cuenta empieza a comparar, sentir ansiedad, frustración o sensación de insuficiencia.

Por la noche quiere descansar, pero sigue conectado viendo videos o respondiendo mensajes hasta muy tarde. duerme poco y al día siguiente se siente cansado, irritable y desconcentrado.

 Vivimos conectados casi todo el tiempo.

Nos despertamos mirando el celular, trabajamos frente a pantallas, respondemos mensajes mientras comemos y antes de dormir revisamos redes sociales, nos decimos incluso “solo cinco minutos” … que terminan siendo una hora.

La tecnología nos ha dado grandes ventajas como la comunicación inmediata, el acceso a información, el entretenimiento y oportunidades de trabajo. Pero también ha traído un costo emocional silencioso que muchas veces normalizamos.

Pero ¿Qué es la hiperconectividad?

La hiperconectividad es la necesidad, o sensación de necesidad de estar disponibles todo el tiempo.
No se trata solamente de usar internet o redes sociales, sino de sentir que debemos responder rápido, revisar constantemente notificaciones y mantenernos conectados para no “quedarnos afuera”.

Y aunque parezca inofensivo, el cerebro humano no fue diseñado para recibir estímulos permanentes las 24 horas del día.

Veamos el impacto en la salud mental

1- La presencia de la ansiedad.
Muchas personas sienten inquietud cuando no tienen el celular cerca, cuando no responden un mensaje rápido o cuando pasan mucho tiempo sin revisar redes.

2- La fatiga mental.
Cada notificación interrumpe nuestra atención. El cerebro cambia constantemente de tarea: trabajo, mensajes, videos, correos, noticias. Ese exceso de estímulos agota nuestra capacidad de concentración.

3- También aparece algo muy común: la comparación constante.  En redes sociales por lo general vemos como versiones editadas de la vida de otros: viajes, éxito, cuerpos perfectos, productividad extrema. Y aunque racionalmente sabemos que no todo es real, emocionalmente podemos sentir que nuestra vida “no es suficiente”.

4- Lo anterior puede llegar a afectar la autoestima, a generar frustración y aumentar síntomas de ansiedad o tristeza.

Alrededor de este tema aparece una situación, y es el miedo a perderse algo.

Existe un término muy conocido: FOMO, por sus siglas en inglés, “Fear Of Missing Out”, o miedo a perderse algo.

Es esa sensación de que todos están viviendo experiencias importantes menos nosotros.
Por eso muchas personas revisan constantemente el teléfono, incluso sin una razón específica.

El problema es que mientras intentamos no perdernos nada afuera, muchas veces terminamos desconectándonos de lo que ocurre adentro: nuestras emociones, nuestro descanso y nuestras relaciones reales.

Otro efecto importante de la hiperconectividad es el deterioro del sueño., hay un impacto significativo.

Muchas personas usan el celular hasta pocos minutos antes de dormir. La luz de las pantallas y la sobreestimulación mental dificultan que el cerebro entre en estado de descanso.

Dormimos menos, descansamos peor y eso afecta el estado de ánimo, la memoria, la paciencia y la capacidad para manejar el estrés.

A veces pensamos que estamos cansados por trabajar mucho, cuando en realidad nunca dejamos que la mente descanse de verdad.

 Paradójicamente, vivimos más conectados, más comunicados que antes y, al mismo tiempo, muchas personas se sienten más solas.

Podemos pasar horas hablando por chat y aun así sentir desconexión emocional.
¿Por qué? Porque la conexión humana profunda necesita presencia, atención y escucha real.

¿Cuántas veces estamos con alguien mientras miramos el celular al mismo tiempo?
¿Cuántas conversaciones quedan interrumpidas por una notificación?

La hiperconectividad puede hacernos físicamente presentes, pero emocionalmente ausentes.

 

Entonces ¿La tecnología es el enemigo?

No.
La tecnología no es mala en sí misma. El problema aparece cuando pierde equilibrio nuestro uso de ella.

El objetivo no es abandonar redes sociales ni vivir desconectados, sino aprender a relacionarnos con la tecnología de una forma más saludable y consciente.

Veamos algunas recomendaciones prácticas

1 Establecer momentos sin pantalla durante el día.

2 Evitar usar el celular al menos 30 minutos antes de dormir.

3 Desactivar notificaciones innecesarias.

4 No revisar el teléfono apenas despertamos.

5 Tener espacios de conversación sin dispositivos.

6 Preguntarnos: “¿Estoy usando esta aplicación por necesidad o por hábito automático?”

También es importante recuperar actividades que le den descanso al cerebro: caminar, leer, hacer ejercicio, conversar cara a cara o simplemente estar en silencio unos minutos.

Reflexión final

La hiperconectividad nos prometió acercarnos más, informarnos más y hacer más cosas en menos tiempo.
Pero también nos enfrenta al desafío de proteger nuestra atención, nuestro descanso y nuestra salud mental.

Estar conectados todo el tiempo no significa estar bien.
A veces, desconectarnos un poco del ruido digital es justamente lo que necesitamos para volver a conectar con nosotros mismos.

Ps. Rocxana Croce P.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Cuando la sensibilidad puede convertirse en un problema

 

La sensibilidad a veces se confunde con fragilidad, pero es una fuerza distinta: la de percibir lo sutil, de entender sin que se diga, de conectar de verdad. Sentir no es un error. Es un don, una fortaleza.

Ps. Rocxana Croce P.

La sensibilidad es esa capacidad de percibir y sentir con intensidad lo que ocurre en uno mismo y en los demás— no es algo negativo en sí misma. De hecho, bien gestionada, es una fortaleza: potencia la empatía, la creatividad y la conexión humana.

Pero, como toda cualidad, puede volverse problemática cuando pierde su equilibrio.

La sensibilidad es como tener un micrófono muy potente para percibir emociones; el problema no es el micrófono, sino que el volumen esté tan alto que todo suene como un estruendo.

 

¿Cuándo la sensibilidad puede convertirse en un problema?

1.  Cuando hay una sobrecarga emocional constante y afecta la salud emocional.

Si La persona siente y procesa todo con tanta intensidad, si reacciona con angustia, llanto o ansiedad de forma muy frecuente, esto lo agota física y mentalmente, incluso con incluso síntomas psicosomáticos.

2. Cuando limita la capacidad de tomar decisiones, porque la intensidad de las emociones impide actuar o evaluar con claridad Y El miedo a herir a otros o a equivocarse frena las acciones necesarias. también cuando de por medio hay exceso de autocrítica o duda permanente.

3. Cuando interfiere con las relaciones, si te cuesta manejar comentarios, si Se interpretan como ataques o criticas las cosas mínimas, o desacuerdos y eso provoca conflictos constantes y Se acumulan resentimientos por sentirse constantemente herido.

4. Cuando la sensibilidad se convierte en hipervigilancia, la persona está en Estado de alerta ante posible críticas, rechazos o conflictos y provoca el aislamiento y/o evitación de interacciones. Aumenta la vulnerabilidad al estrés las pequeñas variaciones en el entorno (los ruidos, cambios de planes, gestos) que desestabilizan mucho.

5. Cuando el dolor ajeno paraliza Y sentimos que el sufrimiento de otros se absorbe como propio, lo que revela en la dificultad para poner límites sanos.

 

Entonces, cómo equilibrar la sensibilidad

1ro. Es necesario Fortalecer nuestros recursos internos, ayudándonos de técnicas de regulación emociona como el mindfulness, la respiración diafragmática.

2do. Aprender a filtrar las situaciones porque no todo requiere la misma carga emocional ni la misma respuesta.

3ro. Poner límites claros en el momento adecuado, diferenciando nuestra empatía de la carga emocional ajena.

4to. Desarrollar el asertividad en nuestras interacciones sociales, expresar lo que se siente sin herir y sin callar lo importante.

5to. Buscar espacios seguros para descargar y procesar lo sentido. En la privacidad y el lugar seguro que más nos permita soltar emociones.


Como vemos, la sensibilidad en sí misma no es un problema; de hecho, es una cualidad valiosa porque nos permite conectar con los demás, percibir los diferentes matices emocionales y apreciar lo bello o lo significativo.

Se vuelve un problema cuando empieza a generar malestar intenso o limitaciones en la vida diaria.

En psicología, esto no significa que “ser sensible” sea malo, sino que quizá se necesita aprender a regular la intensidad emocional para que la sensibilidad siga siendo una fortaleza y no un peso.

La sensibilidad en estos tiempos —con pantallas que no se apagan, noticias que nos bombardean, redes sociales que amplifican todo y una velocidad de vida que casi no da respiro— es como tener la piel sin filtro: se perciben más matices, pero también más ruido.


Gestionarla hoy requiere más estrategia que nunca, porque el entorno moderno estimula, sobrecarga y exige reacción inmediata.


Veamos algunas recomendaciones para gestionar la sensibilidad:

1. Seleccionar el flujo constante de los estímulos.

En ese sentido es importante Regular el consumo de noticias, no es necesario enterarse de todo, todo el tiempo. Porque eso hace daño en general.

Hay que dejar de seguir redes sociales que generen ansiedad o incidan en cosas excesiva.

Ayuda mucho permitirnos pequeñas desconexiones conscientes durante el día, programando “micro silencios” digitales (ej. 10 minutos sin teléfono varias veces al día).

2. Aprender a desacelerar en medio de la prisa

Desarrollar las rutinas de pausa: como practicar comer sin pantallas, dormir sin el teléfono cerca, caminar sin escuchar noticias.

Practicar el Mindfulness adaptado a la vida real: no solo meditar 20 minutos, sino detenerse 30 segundos para sentir la respiración antes de responder un mensaje.

Técnicas de anclaje rápido usadas comúnmente en Programación Neuro-Lingüística (PNL), permiten acceder a estados emocionales específicos mediante la asociación de un estímulo (el ancla) con la experiencia de ese estado, por ejemplo el  sentir los pies en el suelo, relajar los hombros, observar un punto fijo, Imaginar (visualizar) una imagen que represente el estado deseado. Presionar suavemente el pulgar contra el índice, Decir una palabra clave en voz baja.

 Practicarlos reduce el estrés y la ansiedad, mejora de la gestión emocional, aumento de la confianza y la motivación. 

3. Cuidar la energía emocional

Es necesario tener límites claros: no absorber conversaciones tóxicas o discusiones digitales eternas.

Mantener una distancia saludable con el drama: no todo lo que pasa requiere una respuesta emocional inmediata.

Y recordar que la empatía no es sacrificio: se puede sentir con el otro sin quedar agotado.

4. Reinterpretar la sensibilidad como fortaleza

Canalizarla hacia proyectos creativos, voluntariado o actividades que conecten con un propósito.

Transformar lo que duele en algo que inspire: desarrollar la escritura, arte, conversación, acompañamiento.

5. Redefinir el autocuidado

En un mundo que valora la rapidez, la sensibilidad puede recordarnos el valor de la profundidad.

El autocuidado ya no es un lujo, es una estrategia de supervivencia emocional.

Incorporar momentos de conexión real: observar, mirar a los ojos, reír sin filtros, escuchar sin prisa.


Decir que “la sensibilidad no es debilidad” es romper un mito que, por décadas, ha hecho que muchas personas escondan su forma genuina de sentir.

La sensibilidad como fortaleza implica aceptar que es parte de tu identidad, no algo que corregir.

Conlleva entrenarnos en la regulación emocional, para que la intensidad no nos desborde.

Implica elegir entornos y personas que valoren tu forma de sentir.

La sensibilidad puede ser una brújula para tomar decisiones más humanas y conscientes.

 


martes, 20 de mayo de 2025

La importancia de poner los límites

 

«Es que no sé cómo ponerle un pare”, «No me sale», «Siempre termino por ceder”, “Me siento una tonta y me quedo callada», «Sólo si me enfado me sale»

Ps. Rocxana Croce P.


En la consulta es bastante frecuente escuchar a muchas personas estas frases cuando describen lo difícil que les cuesta poner límites.

Aprender a poner límites es imprescindible para construir nuestra autoestima con base firme.

Los límites son las expectativas y necesidades que nos ayudan a sentirnos seguras y cómodas en nuestras relaciones interpersonales.

Es decir, en una relación las expectativas te van a ayudar a mantenerte en un estado mental y emocional sano. Aprender a decir “no” y cuándo decir “sí” son una parte esencial para que puedas sentirte cómoda en el momento en el que interactúas con los otros.

Establecer límites saludables te va a proporcionar seguridad en ti misma, te vas a sentir tranquila, respetada y serena.


¿Por qué te cuesta poner límites?

Existen infinidad de motivos. A modo resumen enumero las dificultades que más solemos ver en consulta:

1.Miedo al conflicto: la persona evita entrar en conflicto al sentirse incapaz de defender sus propias opiniones y el desacuerdo con el otro.

2.No tener claras las propias necesidades: la escasa diferenciación entre una mismo y los demás, provoca que no se sepa con certeza dónde empiezan las propias necesidades y las del otro.

3. Sentirte sin derecho a defender las propias necesidades inhibe la presentación de estas. Por ello, la persona al sentirse sin este reconocimiento llega a considerar que sus necesidades no son tan importantes como las de los demás.

4.Miedo al rechazo. La necesidad de ser aceptados o queridos lleva a la persona a permitir conductas que le incomodan o incluso hacen daño. las personas con este miedo pueden tener dificultades para establecer relaciones saludables y confiar en sí mismas y en los demás.

5.Falta de asertividad: la persona tiene dificultades para comunicar sus límites provocando que evite hablar de ellos. De esta manera, refuerza y mantiene esta situación.

5.Bloqueo emocional ante el enfado de otra persona, esto hace que la otra persona se muestra sin capacidad de pensamiento y de reacción

6.Dificultades para manejar la frustración o rabia: la persona siente que no puede manejar estas emociones. Por este motivo decide “evitarlas” provocando así que el hecho que las ha provocado (la necesidad de poner un límite) no sea tenido en cuenta, y finalmente acaba por priorizar la demanda del otro.

 

Cuando ponemos límites ocurre que estamos poniendo en acción esa parte de nosotros que toma decisiones, que en base a hechos va adquiriendo experiencias sanas, porque puso a prueba sus creencias y confrontó la realidad.

Convertirse en adultos tiene que ver con ser capaz de ver las situaciones con más que una perspectiva. Ser capaces de imaginar que las cosas pueden ser de manera diferente. Poner límites es también cuidar el tiempo que tenemos para realizar las acciones que para nosotros son importantes.

Tenemos que aprender a preguntarnos qué queremos y qué no para comunicarlo de manera clara.

Evidentemente, cuando aprendemos a poner límites podemos ser un poco torpes o los ponemos a destiempo. Pero no importa.

Más vale ser consecuentes con nuestro pensar y sentir para ser coherentes al persistir en la práctica el establecimiento de los límites, porque es la manera de que, con el tiempo, lo ejercitemos de manera natural y no nos lleve tanta energía y dificultad como al comienzo.

Se trata de dedicarnos tiempo para el autoconocimiento, para tratarnos con la misma flexibilidad con la que tratamos a los otros, dedicarnos el mismo tiempo que le dedicamos a los otros…ir encontrando una relación con uno mismo que nos permita conocernos más y aprender a decir que no cuando queramos decir que no sin sentirnos mal después.

Para que una relación funcione es necesario que mantenga ciertos límites, considerando la individualidad de cada persona, sus experiencias y las expectativas de vida, la educación y los valores recibidos, su grado de autoestima, sus propios límites, etc.

En nombre del amor también se han cometido muchos daños, muchos excesos. Y es ahí donde justamente debemos de tener en cuenta que en una relación hay conductas que no deberíamos dejar pasar, aquellas que traspasan lo permitido porque van en contra de nuestros principios y convicciones.

Establecer límites claros en una relación es necesario, pero no siempre se conversa de antemano. 

Las personas a veces sienten temor de exponer sus límites por las consecuencias supuestamente desfavorables que estas puedan tener, piensan que si se manifiestan con honestidad y dicen lo que piensan a la otra persona, ello puede ser motivo de discordia, molestia o incluso que se termine una relación.

Puede ser además que se haya desarrollado un vínculo de apego con la otra persona, la dependencia emocional que mantiene comportamientos poco sanos como aguantar o soportar malos tratos, mentiras, etc.

En algunas situaciones y vínculos, existe el temor a perder o romper la relación, incluso con justificaciones como “ya va a cambiar porque me quiere”,  “ya le pasará, seguro está cansado”, etc.

Y si aún establecidos nuestros límites la persona los traspasa, los vulnera, hace daño y no los respeta de manera consecutiva, estamos en la necesaria obligación de salvaguardar nuestra salud emocional y ser responsables con uno mismo, de cuidarnos y mostramos cuanto nos estimamos.

Para ello debemos haber desarrollado una buena autoestima, que dé cuenta de la autovaloración, si uno mismo es capaz de decir las cosas como las piensa y siente, incluso con la posibilidad de ser capaz de estar solo.

Teniendo claro ello, será posible no bajar la cabeza, no someternos o dejar que se vulneren nuestros derechos, en una palabra, que no se nos maltrate.

Otro detalle, es importante gestionar la posible culpa que pueda aparecer en un inicio, para no ceder una vez más y empezar a tenernos primero en cuenta a nosotros mismos.

Para ello, resulta efectivo utilizar las autoafirmaciones para recordarte y decirte a ti mismo/a “me respeto y me acompaño, se cuidarme”. Ser consciente de que decir que no en algunas ocasiones es algo bueno para uno mismo, física y emocionalmente.

 Y esta es una actitud coherente con nuestros principios y valores y en armonía con las otras personas porque permitirá desarrollar una relación madura, sana y donde el respeto será la variable que se imponga sin necesidad de estarla pidiendo.

 

Beneficios de poner límites saludables:

ü  Vas a poder dejar claros tus principios, valores, criterios, opiniones, etc.

ü  Vas a darle valor y escuchar tu propia opinión.

ü  Vas a compartir con los otros de manera asertiva.

ü  Vas a permitirte mostrar tu propia vulnerabilidad con tu circulo de confianza.

ü  Vas a poder decir “No” sin sentir incomodidad.

ü  Vas a recibir un “No” como respuesta sin que te genere inseguridad o sentirlo como algo personal.

 

Porque, así como otras habilidades, el decir “no” es una habilidad que se tiene que entrenar. Debe ser practicada en numerosas ocasiones, para finalmente sentirnos cómodos con ella.

Cuando comemos para calmar la ansiedad

  ¿Te ha pasado que estás preocupado, estresado o ansioso y, de pronto, sientes unas ganas enormes de comer? No necesariamente porque teng...