miércoles, 15 de julio de 2020

Al otro lado de la pantalla. Salud mental.

Elige una ruta, no una rutina.  L. Martin

Ps. Rocxana Croce.

La necesidad crea la oportunidad y debido a la recomendación de mantener distanciamiento social por el COVID-19, ha sido necesario repontenciar nuestro trabajo de intervención usando la tecnología.

Éstos tiempos de pandemia han generado muchos cambios en las vidas de las personas a todo nivel.

El trabajo terapéutico también  ha sido modificado; personalmente me resistía hasta antes de la pandemia a hacer uso de la modalidad on line como otra forma de intervención.  A lo más había sostenido consultas con dos personas fuera del país y a través del hilo telefónico.

Desde mediados de marzo y abril del presente año, fue para mi y para muchos colegas un mes en "pausa", donde las consultas cayeron significativamente. Por mi parte sentía que no era prudente convocar a mis pacientes a la nueva modalidad de encuentro. Estaba en la zona de la incertidumbre.

Pero justamente fueron algunos de  mis pacientes en tratamiento que se contactaron conmigo para motivarme a seguir las sesiones usando los recursos tecnológicos.  Con amabilidad y gentileza me pusieron al día sobre las opciones de contacto, ya sea vía Skype,  Video llamada de Whatssap, Zoom.

En ésta nueva y grata experiencia voy encontrando que un noventa por ciento de las personas con las que me vinculo por el trabajo, prefieren usar la opción  de video llamadas, y yo también lo hallo sencillo y cómodo para conectar desde cualquier lugar.

Esta nueva forma de teletrabajo me permite continuar con los procesos terapéuticos, además facilita los encuentros sobre todo porque ahorra desplazarnos en medio del caos vehicular que encontramos en ciudades grandes como Lima, por ejemplo.

Ademas es una forma de seguir protegidos porque evitamos salir y exponernos al contagio, porque ésto continuará así hasta que se encuentre la vacuna.

Más ventajas.
Si trabajar con adultos vía on line es un reto posible, hacerlo con niños es un doble reto también posible de lograr.

He constatado por ejemplo que los niños al estar en su entorno familiar fluyen con más soltura; es el caso de Fátima, una niña de casi diez años que tiene ciertas dificultades en su interrelación social, ella me  habla muy emocionada de sus dos Hamsters que ya tienen crías.  Me dice en un momento de la sesión "un ratito Rocxana, ya regreso", entonces va y  trae a las mascotas para mostrármelos en la pantalla y así yo pueda conocerlos. Comparte su emoción, se expresa.

Finalmente, no puedo dejar de manifestar que hay algo que no suple la pantalla y es el contacto humano en el mismo espacio real, ese que permite que los sentidos se agudicen para poder captar el lenguaje corporal, los gestos, los movimientos tan reveladores en una sesión terapéutica.

Esa proximidad es irremplazable, quizás en un tiempo no muy lejano, recuperemos ciertas posibilidades de encuentro humano y una de ellas es la que vincula al terapeuta y su paciente en la propia consulta.

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