lunes, 21 de enero de 2019

CARPE DIEM


"No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea! Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra las rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana."
Horacio


sábado, 29 de diciembre de 2018

LOS PUENTES EMOCIONALES


Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar. Bertrand Russell.





Puente Carlos III, Paucartambo, Cusco - Perú


Un puente es una conexión hacia un lugar que normalmente no se podría acceder porque nos costaría de esfuerzo llegar a ese punto. Pero más allá de lo físico y geográfico, podemos dar una interpretación a otros aspectos de la vida.

En éste caso nos referimos a los puentes que nos conectan con nuestras emociones, por ende con personas y situaciones.

Nuestra vida se compone de una serie de interacciones, de enlaces, de vínculos y necesitamos tomar decisiones en el camino. 

Elegimos muchas veces con el corazón y no tanto con la razón, por ello corremos riesgos, depositamos confianza en un vínculo (inversión emocional) y  puede ser que terminemos lastimados, defraudados,  cuando impera la deslealtad, el irrespeto, la agresión, el engaño,  y otras tantas conductas desfavorables que minan y juegan en contra de una relación.

Elegir un rumbo, elegir un puente que cruzar, es muchas veces apostar por la incertidumbre, por lo  desconocido, porque hay puentes que no necesariamente unen. Son riesgos que hay que asumir.

Pero se abre una posibilidad ante éste panorama de grises oscuros, y es que con la experiencia ganada y al paso del tiempo (siempre el tiempo es un gran aliado), podemos quemar aquellos puentes que no nos conectan ya en absoluto, que solo nos reportan dolor y una gran decepción.

 A cambio, se puede elegir construir un puente hacia la oportunidad y el perdón, hacia el reencuentro con uno mismo que favorezca  nuestra vida, que nos reporte sosiego, tranquilidad, y poder nuevamente restablecer la confianza en las personas, en las buenas y bien intencionadas personas y en uno mismo.

Y claro, volver a tener la libertad que nos da la experiencia, porque crecemos incluso con el error.

Ps. Rocxana Croce.



jueves, 6 de diciembre de 2018

ROSAS Y ESPINAS


"Nadie alcanza la meta con un solo intento,
ni perfecciona la vida
con una sola rectificación,
ni alcanza altura con un solo vuelo.

Nadie camina la vida sin haber
pisado en falso muchas veces.
Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores,
enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones,
ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad,
ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas,
ni recoge rosas sin sentir sus espinas.

Nadie hace obras
sin martillar sobre su edificio,
ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo.

Nadie llega a la otra orilla
sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.
Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces
que perseguía un imposible.

Nadie reconoce la oportunidad hasta que
ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie debe vivir sin cambiar,
ver cosas nuevas,
experimentar otras sensaciones,
y tener la capacidad de corregir sus errores.

Nadie tiene el derecho de consumir
el amor o la amistad de las personas
si uno mismo no la produce.

Nadie puede intercambiar un apretón
de manos con el puño cerrado".

Nadie, Anónimo.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Reconociendonos en el Autorespeto y la Autoestima


“La peor soledad es no sentirse cómodo con uno mismo”. Mark Twain

La imagen que abre éste tema, refleja el autorespeto, componente muy importante del autoestima.

Movidos por un sentimiento de identidad y de pertenencia, podemos experimentar el derecho de existir, de poder estar en el Aquí y el Ahora.

Identificarnos con nosotros mismo, con nuestro ancestro cultural, nuestra raza, reconocer nuestros valores, nuestros éxitos, nuestras capacidades cognitivas, nuestras emociones, saber que somos lo que somos por nosotros mismos y no por depender de lo que los otros piensen o digan, implica la propia aceptación, más allá de nuestros errores o deficiencias. 

Es la necesaria y justa libertad para pensar, sentir, actuar.  Si sentimos que somos manipulados, coaccionados a proceder de tal o cual manera, a depender de la opinión de terceros para dar un paso, a sentir alegría solo por complacer a alguien porque en realidad no es mi alegría libre y natural que fluye sin necesidad de presiones o ataduras. Si no me respeto, no podré hacerme respetar y nadie lo hará por mi. Y frente a relaciones tóxicas, es difícil poder conseguir el autorespeto.

Ahora bien, lograr respetarnos a nosotros mismos, conlleva al logro de una autoestima que fortalece mi ser, que es en buena cuenta la capacidad para amarnos y valorarnos en nuestras fortalezas, reconocernos en nuestra diferencias, trabajar nuestras debilidades, aquellas partes frágiles, con poco soporte para lograr mejores niveles de reconocimiento personal que fortifiquen nuestra personalidad; es una toma de conciencia de nuestro mundo interno, valorarnos sin dejar de reconocer que las otras personas también tienen sus posiciones o formas de ver el mundo. 

La confianza es un aspecto que nos indica si estamos bien con nosotros mismos, plenos, contentos; es un índice de bienestar personal, de autoestima.

Ps. Rocxana Croce P.


domingo, 4 de noviembre de 2018

(POESÍA 4) LA NAVE DE MIS SUEÑOS


Ha vuelto a mi
la espontánea alegría de los días,
la ensenada 
en que atraca 
la nave de mis sueños.

Sólo sé

que mi cordura muerde
la cola de la realidad
y escapa risueña
entre las riendas de mis sueños.

Rocxana Croce P.

martes, 23 de octubre de 2018

El pasado no condena




Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro mira tu presente que es la causa. Buda.


Que difícil es a veces llegar a un estado de bienestar cuando se trae consigo experiencias previas poco gratificantes, dolorosas, incluso traumáticas, que a manera de mochilas  acompañan la vida de muchas personas desde tempranas edades.


En consulta escuchamos temas de toda índole, unos más complejos que otros, pero aquellos donde la persona refiere experiencias de su historia familiar con un contenido desfavorable y penoso como por ejemplo los casos de violencia familiar, alcoholismo, drogas, abusos, abandonos, etc., añadido a  la propia historia personal del paciente, que queda terriblemente entrampado sin lograr soltarse de ésta dura carga emocional,  ni saber cómo enfrentar ésta situación que la vida le trae por añadidura.

La película Star Wars nos pemite ver el papel de la joven Rey que da cuenta de una mujer valiente que se empodera en medio de las dificultades, no solo de su presente sino de su pasado, que lucha con todo e incluso desarrolla habilidades que nunca pensó tener, todo desde el poder de su fuerza interna.

Viaje al interior de uno mismo.
Justamente la terapia permite a la persona poder encontrarse consigo misma y con su pasado, el cual no se intenta negar sino más bien darle la cara para analizarlo, comprenderlo, aceptarlo en la medida de las circunstancias; y ésto se consigue desprendiéndose de las barreras defensivas que se han estado usando como protección, incluso de manera inconsciente.

Surge entonces la resiliencia que se despliega como aquella fortaleza, ese recurso interno que nos permite justamente emerger de las situaciones difíciles y enfrentarlas para poder superarlas gracias a la lucha y el deseo de salir adelante.

Porque el pasado no se niega, se enfrenta y se sigue el camino.

Decía el filósofo griego Epicuro: "Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para que uno se ocupe de su propia alma".

Ps. Rocxana Croce.


miércoles, 3 de octubre de 2018

Control de la Ira

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.  Séneca.





La ira es una emoción que nos sucede a las personas y genera enojo y malestar.  Si bien hay grados y niveles de intensidad en su manifestación, el problema es cuando la ira rebasa la propia capacidad de auto control y termina convirtiéndose  en un sentimiento negativo que afecta no solo a nuestro entorno próximo, sino a nosotros mismos, afectando la propia salud.
Algunos estudios revelan que la ira puede surgir por una predisposición de tipo biológica o genética, además frente a ciertas situaciones como estados de angustia, estrés, fatiga, cambios hormonales, menstruación, problemas sexuales, incluso en estados de abstinencia o el hambre, influyen en los estados de ira.

Esta emoción también se activa frente a situaciones donde hay  impotencia, frustración por no resolver algo y entonces viene la reacción casi en automático, donde nuestra capacidad de razonamiento se ve afectada. 
Pero la ira no es producto solo de eventos del presente, también se presenta por situaciones del pasado que se arrastran a lo largo del tiempo.  Casos de violencia, agresiones de toda índole, injusticias, abusos, malos tratos a las que una persona ha sido sometida, son heridas no curadas que no terminan de sanar.
Este cúmulo de sentimientos de enojo frente a situaciones que percibimos como una amenaza, generan una especie de olla a presión que termina saliendo por momentos en forma dañina, inadecuada e incluso peligrosa por ésta dificultad e impotencia para afrontar una determinada situación.
Sin embargo, la ira puede encausarse y para ello es necesario encontrar formas adecuadas para canalizar la emoción negativa.

Acá exponemos algunas de ellas:

* Piensa antes de hablar: es decir, antes de que salga de tu boca una palabra o frase hiriente, llena de rabia, ordena los pensamientos. Esto te tomará unos segundos y evitarás arrepentimientos por una palabra mal dicha.



* Exprésate: de todo el cúmulo de pensamientos que ya ordenaste, comunica con la mayor objetividad y simpleza posible aquello que quieres decir, no hay necesidad de herir a las personas si tienes claro y eres asertiva en lo que quiere decir.  Comunícate en primera persona, emplea frases como "no me agrada cuando te hablo y no me miras" en vez de decir "tú nunca te dignas a mirarme"
Evita los "nunca" o los "siempre" porque la vida tiene otros grados, otros matices. 
El respeto de por medio evitará ahondar fisuras. Y no pensar que en las relaciones interpersonales se trata de ganar o perder, no es una contienda.

* Analiza y encuentra soluciones: más allá si la ira surge en el presente, hay situaciones que la disparan con cierta frecuencia. Intenta en un momento de serenidad de pensar y buscar soluciones a aquello que te genera la cólera con cierta regularidad. 
De pronto ver el que tu pareja no es ordenado de la forma como tu quisieras, o que tu hijo deja los platos en su dormitorio, ello son disparadores para que poco a poco vayas perdiendo el control e irrumpas con cólera. Piensa de qué manera puedes llegar a un acuerdo con ellos, considerando que muchas veces se necesita de tiempo para resolver cosas, sobre todo cuando se trata de hábitos en la conducta humana.

* Descansa y Relájate: el sueño es un alimento, no estar descansado restará la posibilidad de tener mayor energía para afrontar el día, unas ocho horas de descanso son importantes.
Maneja una buena respiración que llegue a todo tu cuerpo (respiración abdominal) y  exhala lentamente,  concentrándote en este acto por unos segundos, sin otro pensamiento de por medio, sin juzgar nada (mindfulness). Practica yoga, natación o algún otro deporte que facilite el manejo de las emociones y ayude a armonizar tu estado físico y mental. 

* Evita situaciones y personas: si identificamos aquellos contextos y personas que nos irritan y afectan aumentando nuestro estado de ira, entonces en la medida de lo posible tratemos de evitarlas; aunque a veces no se puede dejar de tener contacto ya sea porque son familiares, porque puede ser un jefe,  un profesor por ejemplo, busquemos tratar de conversar con los mismos.

* El buen humor: siempre  es una herramienta efectiva para afrontar los enojos, alivia la tensión y facilita la comunicación. Ojo, no confundir el buen humor con el sarcasmo o ironía porque en ese caso podemos herir a las personas y empeorar la situación.

* Reestructura tus pensamientos:  los pensamientos son poderosos y a veces no están en sintonía con la realidad, se deforman, se exageran y se reflejan en la forma como nos expresamos. Por ejemplo decir "esto se fue al diablo, ya no sirve", reemplazarlo por "posiblemente se me salio de las manos, no lo logré pero debo ver otra forma de hacerlo mejor, enojándome no soluciono lo que pasó".
Pensar con una lógica personal porque es la manera de controlar una emoción que se vuelve muchas veces irracional.  Considerar que las cosas no necesariamente están en mi contra o que  el mundo no me da la espalda; en todo caso pensar que son situaciones de la vida cotidiana que estoy experimentando, no como desearía pero que son parte de la misma; son formas de pensamiento vistos desde otro ángulo que tal vez no utilizamos porque aprendimos solo a reaccionar de un modo.

Por lo general nuestras demandas o lo que uno espera de las personas es algo que se ajusta a nuestros deseos y pensamientos, pero no siempre concordamos o recibimos aquello que pensamos o deseamos y ésto tiene que ver con las expectativas que tengamos, donde podemos terminar saliendo lastimados porque no se cumple lo que esperábamos y surge la frustración en forma de la ira.  Es ahí donde la reestructuración  cognitiva ayuda una vez que tomamos conciencia de aquello que queremos obtener (expectativas).  
Si esta funciona  a manera de una exigencia tendremos que regularla y transformarla a un deseo, que si no se cumple, las emociones que sentiré serán las normales o menos dañinas, como una desilusión, un dolor o una frustración manejable que no llega a un nivel de agresividad y descontrol. 
Cambiar las expresiones "tengo que tenerlo" o "tienes que hacerlo", por "me agradaría", "sería mejor", facilita el manejo del enojo y es más sano.



* Busca a un psicólogo: cuando sientas que ya agotaste todas las posibilidades de poder manejar estas conductas y se escapan de tus manos, busca a un profesional de preferencia con un enfoque cognitivo conductual  que te brinde ayuda para gestionar  y controlar las reacciones de ira que se puedan estar tornando frecuentes en tu vida.

El síndrome de la vida ocupada

 ¿Te ha pasado que terminas el día completamente cansado, pero con la sensación de que realmente no viviste el día? Vivimos ocupados… pero...