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miércoles, 27 de mayo de 2026

El sentido del propósito

 

Ps. Rocxana Croce P.

Sentir que tu vida tiene dirección, propósito y significado es fundamental para tu bienestar. Cuando perdemos ese sentido, es común experimentar vacío, desmotivación o la sensación de estar viviendo en automático. 

Al reconectar con tus valores, explorar tus intereses y construir un camino que tenga sentido para ti a través de un proceso reflexivo y guiado, descubrirás qué es importante para ti y cómo alinear tu vida con lo que realmente deseas.

Hay momentos en la vida en los que uno se detiene y se pregunta:
“¿Por qué hago lo que hago?”
“¿Hacia dónde estoy yendo? “

“¿Esto es todo o algo más me falta?”

Estas inquietudes no siempre rebelan una crisis grande. A veces es una sensación silenciosa. Una especie de vacío suave que aparece al final del día: Cumplimos con nuestras responsabilidades, trabajamos, respondemos mensajes, sostenemos vínculos… pero algo dentro se siente desconectado.

Y ahí es donde aparece la palabra propósito.

El propósito no es una meta ambiciosa ni un logro extraordinario. No es tener todo resuelto. No es ser exitoso según los estándares de otros. El propósito es algo más íntimo: es sentir que tu vida tiene dirección. Que lo que haces tiene coherencia con quién eres.

A veces creemos que el propósito “se encuentra”, como si estuviera escondido en algún lugar esperando ser descubierto. Pero muchas veces el propósito no se encuentra… se construye. Se va formando a partir de decisiones pequeñas, de valores que elegimos sostener, de aquello que decidimos cuidar.

Hay etapas en las que el propósito cambia. Después de una pérdida. Después de una ruptura. Después de un fracaso. Incluso después de un logro importante. Lo que antes nos movía puede dejar de tener sentido. Y eso no significa que estemos fallando. Significa que estamos transformándonos.

Cuando estamos desconectados del propósito, la vida se siente pesada. Vivimos en piloto automático. Hacemos lo que “toca hacer”. Nos comparamos. Buscamos validación afuera. Y cuanto más la buscamos, más lejos nos sentimos de nosotros mismos.

Volver al propósito no es hacer un giro radical de vida de un día para otro. Es algo mucho más sencillo y profundo: es empezar a preguntarte con honestidad qué cosas te dan energía, qué situaciones te hacen sentir coherencia interna, qué valores ya no estás dispuesto a negociar.

El propósito no elimina el dolor. No hace que desaparezca la ansiedad o la tristeza. Pero le da contexto a lo que vivimos. Cuando hay propósito, el esfuerzo tiene sentido. El cansancio tiene dirección. Incluso el sufrimiento puede convertirse en parte de un proceso más amplio de crecimiento.

Quizá hoy no tengas una respuesta clara. Y está bien. El propósito no siempre es una frase inspiradora. A veces es simplemente decidir ser una persona más consciente, más auténtica, más compasiva contigo mismo.

Si estás buscando sentido, tal vez el primer paso no sea encontrar una gran misión. Tal vez sea empezar a escucharte sin tanto juicio. Permitir que tu vida tenga nuevas formas. Aceptar que puedes redefinirte.

El propósito no es una obligación. Es una brújula.
Y aunque hoy sientas que estás perdido, la brújula sigue ahí.
A veces solo necesitamos detenernos lo suficiente para volver a sentirla.

 

El propósito no siempre se descubre. Muchas veces se construye.

Y ¿Qué es realmente el propósito?

No es una meta concreta.
No es “ser exitoso”.
No es cumplir expectativas familiares.

El propósito es una sensación de significado. Es saber por qué hago lo que hago. Es sentir que mis acciones están alineadas con mis valores, con mis intereses

Porque cuando no hay un propósito, aparece:

  • El Vacío
  • La Desmotivación
  • La Confusión
  • La Sensación de estar “sobreviviendo”

Es importante saber que el propósito cambia, el propósito no es fijo.

No es el mismo a los 20 que a los 40.
No es el mismo antes y después de una pérdida.
No es el mismo cuando estamos en pareja que cuando estamos solos.

Muchas crisis psicológicas no son fracasos: son momentos de transición de propósito.

 

Y ¿Cuáles son las señales de que estoy desconectado de mi propósito?

  • Primero: Vivo en piloto automático.
  • Segundo: Siento que hago lo que “debo” pero no lo que quiero.
  • Tercero: Me comparo constantemente.
  • Cuatro: Mi motivación depende solo del reconocimiento externo.
  • Quinto: Siento que algo me falta, pero no sé qué es.

Entonces, se puede empezar a reconstruir propósito Porque no se trata de tener grandes respuestas. Se trata de hacerse preguntas sinceras:

  • ¿Qué cosas me dan energía, aunque me cansen?
  • ¿Qué situaciones me generan sensación de coherencia?
  • ¿Qué valores no estoy dispuesto a negociar más?
  • ¿Qué tipo de persona quiero ser, incluso en momentos difíciles?

El propósito no se encuentra mirando hacia afuera. Se clarifica mirando hacia adentro.

Veamos la relación entre un Propósito y la salud mental

Tener propósito no elimina el dolor.
No evita la ansiedad.
No impide el duelo.

Pero sí organiza la experiencia emocional.

Cuando hay propósito:

  • El esfuerzo tiene dirección
  • El sufrimiento tiene contexto.
  • Las pérdidas no anulan la identidad.

Por ultimo: No necesitas tener todo claro para avanzar. El propósito se va formando con cada paso, con cada intento, con cada caída y aprendizaje.

 Atrévete a empezar, incluso con dudas. Porque muchas veces, el sentido de tu vida aparece justo cuando decides no rendirte.”


martes, 2 de septiembre de 2025

Reinventarse después del adiós

Por dura que haya sido la experiencia, por costoso que haya resultado el error, siempre es posible volver a empezar. (Jorge Bucay)

Una ruptura no es solo una pérdida, también es una oportunidad para redescubrirse, para darse la bienvenida a uno mismo

¿Qué pasa luego de una ruptura afectiva?

Sin duda que dependerá de la magnitud y calidad de vinculo que se haya tenido con la pareja, y puede haber un impacto psicológico después del adiós.

A nivel del cerebro, ocurre que las emociones luego de la ruptura, se activan zonas cerebrales similares al dolor físico.

Además, hay reacciones comunes como la tristeza, ansiedad, el insomnio, la pérdida de apetito, la desmotivación.

Puede presentarse el “síndrome de abstinencia emocional, es decir que la mente busca al ex como una adicción.

Revisemos y recordemos que el proceso de duelo presenta fases:Negación: hay un shock ante el término de la relación, una reacción inicial donde se puede expresar en la frase “No puedo creer que se acabó”.

2.        Ira o resentimiento: Acá la persona puede sentirse irritable, mostrar enfado, a veces hacia sí misma o hacia otras personas en forma de autorreproches o búsqueda de culpables. 

3.       Negociación: En esta etapa, la persona busca encontrar formas de revertir la pérdida o minimizar su impacto. Se pueden hacer promesas, buscar soluciones alternativas o negociar con un poder superior. 

4.        Dolor y tristeza profunda: que conlleva a apatía y falta de ilusión por la vida. La persona puede sentirse aislada, experimentar cambios en el sueño o el apetito, y tener dificultad para adaptarse a la nueva situación. 

5.        Aceptación y apertura a lo nuevo: Finalmente, la persona acepta la pérdida y comienza a adaptarse a una nueva realidad sin la persona que ya no está en su vida. Se establece un nuevo orden en la vida, se forman nuevos vínculos y se recupera la ilusión por el futuro. 

¿Cuánto dura un duelo por separación?

La duración del duelo es muy variable y depende de factores individuales, como la intensidad del vínculo, la duración de la relación y la personalidad de cada persona. En general, se considera que un proceso de duelo saludable puede durar entre seis meses y un año y medio, según la Asociación Norteamericana de Psicología. Este período es variable y depende de cada persona y las circunstancias de la relación.

En este proceso existen Creencias y trampas mentales que frenan la recuperación

Mito 1: “Nunca voy a encontrar a alguien como él/ella.”
→ Replanteando esta creencia podemos pensar que hay otras personas que pueden sumarme a mi vida en el tiempo.

Mito 2: “Estar sola es un fracaso.”
→ Esto es una idea social y cultural de la pareja como requisito de valor personal que no es válida.

Mito 3: “Tengo que rehacer mi vida rápido.”
→ La prisa no ayuda al proceso de la sanación. Todo tiene su tiempo.

 

¿Y Cómo terminar una relación de forma respetuosa?

Si se decide terminar una relación, es importante hacerlo de manera honesta, asertiva y respetuosa.

A continuación, algunos consejos son: 

1-       Comunicarlo en persona: es mejor hablar con la pareja cara a cara, evitando los mensajes de texto o correo electrónico.

2-       Ser claro y sincero: Explicar las razones de la ruptura de forma sincera, clara y respetuosa, sin ser hiriente ni agresivo.

3-       Dar espacio: Después de la ruptura, es importante darse un tiempo y espacio para procesar la situación.

4-       No prometer quedar como amigos si se siente poco sincero o se ve difícil o forzado: es mejor no prometerla solo para suavizar la ruptura o quedar bien.

 

En resumen, terminar una relación es un proceso doloroso, pero es posible superarlo y seguir adelante con crecimiento personal.

Dar tiempo al duelo, buscar apoyo y cuidar de uno mismo son claves para sanar y encontrar la felicidad de nuevo. 

Lo que continua es el proceso de reinventarse y esto es a través de:

A. Reconectar con uno mismo, a través de actividades que se dejaron de lado. También es oportuno la práctica de la introspección y autoconocimiento. Explorar nuevas actividades, hobbies o aprendizajes.

B. Cuidar el cuerpo y la mente: a través de la práctica de ejercicio físico como regulador emocional.  Cuidar nuestra alimentación consciente y buscar terapia psicológica como acompañamiento.

C. Redefinir tu identidad. Darse la oportunidad en una nueva hoja, de escribir tu historia personal: ¿quién eres sin esa relación?  También es oportuno crear nuevos hábitos, y metas.

 Algunos ejercicios prácticos que pueden ayudar en este proceso son:

  • Tener un Diario del Renacer: donde cada noche se puede escribir una cosa aprendida de la ruptura y una acción para ti.
  • La Carta de cierre: donde se pueda escribir (sin enviar) una carta al ex para soltar lo pendiente.
  • El Mapa de posibilidades: donde puedas escribir una lista de cosas que siempre quisiste hacer y que ahora puedes iniciar.


Por último, cuando uno cierra una puerta, no es para quedarse en la oscuridad, es para abrir las ventanas y dejar que entre la luz.

Ps. Rocxana Croce P.

martes, 20 de mayo de 2025

La importancia de poner los límites

 

«Es que no sé cómo ponerle un pare”, «No me sale», «Siempre termino por ceder”, “Me siento una tonta y me quedo callada», «Sólo si me enfado me sale»

Ps. Rocxana Croce P.


En la consulta es bastante frecuente escuchar a muchas personas estas frases cuando describen lo difícil que les cuesta poner límites.

Aprender a poner límites es imprescindible para construir nuestra autoestima con base firme.

Los límites son las expectativas y necesidades que nos ayudan a sentirnos seguras y cómodas en nuestras relaciones interpersonales.

Es decir, en una relación las expectativas te van a ayudar a mantenerte en un estado mental y emocional sano. Aprender a decir “no” y cuándo decir “sí” son una parte esencial para que puedas sentirte cómoda en el momento en el que interactúas con los otros.

Establecer límites saludables te va a proporcionar seguridad en ti misma, te vas a sentir tranquila, respetada y serena.


¿Por qué te cuesta poner límites?

Existen infinidad de motivos. A modo resumen enumero las dificultades que más solemos ver en consulta:

1.Miedo al conflicto: la persona evita entrar en conflicto al sentirse incapaz de defender sus propias opiniones y el desacuerdo con el otro.

2.No tener claras las propias necesidades: la escasa diferenciación entre una mismo y los demás, provoca que no se sepa con certeza dónde empiezan las propias necesidades y las del otro.

3. Sentirte sin derecho a defender las propias necesidades inhibe la presentación de estas. Por ello, la persona al sentirse sin este reconocimiento llega a considerar que sus necesidades no son tan importantes como las de los demás.

4.Miedo al rechazo. La necesidad de ser aceptados o queridos lleva a la persona a permitir conductas que le incomodan o incluso hacen daño. las personas con este miedo pueden tener dificultades para establecer relaciones saludables y confiar en sí mismas y en los demás.

5.Falta de asertividad: la persona tiene dificultades para comunicar sus límites provocando que evite hablar de ellos. De esta manera, refuerza y mantiene esta situación.

5.Bloqueo emocional ante el enfado de otra persona, esto hace que la otra persona se muestra sin capacidad de pensamiento y de reacción

6.Dificultades para manejar la frustración o rabia: la persona siente que no puede manejar estas emociones. Por este motivo decide “evitarlas” provocando así que el hecho que las ha provocado (la necesidad de poner un límite) no sea tenido en cuenta, y finalmente acaba por priorizar la demanda del otro.

 

Cuando ponemos límites ocurre que estamos poniendo en acción esa parte de nosotros que toma decisiones, que en base a hechos va adquiriendo experiencias sanas, porque puso a prueba sus creencias y confrontó la realidad.

Convertirse en adultos tiene que ver con ser capaz de ver las situaciones con más que una perspectiva. Ser capaces de imaginar que las cosas pueden ser de manera diferente. Poner límites es también cuidar el tiempo que tenemos para realizar las acciones que para nosotros son importantes.

Tenemos que aprender a preguntarnos qué queremos y qué no para comunicarlo de manera clara.

Evidentemente, cuando aprendemos a poner límites podemos ser un poco torpes o los ponemos a destiempo. Pero no importa.

Más vale ser consecuentes con nuestro pensar y sentir para ser coherentes al persistir en la práctica el establecimiento de los límites, porque es la manera de que, con el tiempo, lo ejercitemos de manera natural y no nos lleve tanta energía y dificultad como al comienzo.

Se trata de dedicarnos tiempo para el autoconocimiento, para tratarnos con la misma flexibilidad con la que tratamos a los otros, dedicarnos el mismo tiempo que le dedicamos a los otros…ir encontrando una relación con uno mismo que nos permita conocernos más y aprender a decir que no cuando queramos decir que no sin sentirnos mal después.

Para que una relación funcione es necesario que mantenga ciertos límites, considerando la individualidad de cada persona, sus experiencias y las expectativas de vida, la educación y los valores recibidos, su grado de autoestima, sus propios límites, etc.

En nombre del amor también se han cometido muchos daños, muchos excesos. Y es ahí donde justamente debemos de tener en cuenta que en una relación hay conductas que no deberíamos dejar pasar, aquellas que traspasan lo permitido porque van en contra de nuestros principios y convicciones.

Establecer límites claros en una relación es necesario, pero no siempre se conversa de antemano. 

Las personas a veces sienten temor de exponer sus límites por las consecuencias supuestamente desfavorables que estas puedan tener, piensan que si se manifiestan con honestidad y dicen lo que piensan a la otra persona, ello puede ser motivo de discordia, molestia o incluso que se termine una relación.

Puede ser además que se haya desarrollado un vínculo de apego con la otra persona, la dependencia emocional que mantiene comportamientos poco sanos como aguantar o soportar malos tratos, mentiras, etc.

En algunas situaciones y vínculos, existe el temor a perder o romper la relación, incluso con justificaciones como “ya va a cambiar porque me quiere”,  “ya le pasará, seguro está cansado”, etc.

Y si aún establecidos nuestros límites la persona los traspasa, los vulnera, hace daño y no los respeta de manera consecutiva, estamos en la necesaria obligación de salvaguardar nuestra salud emocional y ser responsables con uno mismo, de cuidarnos y mostramos cuanto nos estimamos.

Para ello debemos haber desarrollado una buena autoestima, que dé cuenta de la autovaloración, si uno mismo es capaz de decir las cosas como las piensa y siente, incluso con la posibilidad de ser capaz de estar solo.

Teniendo claro ello, será posible no bajar la cabeza, no someternos o dejar que se vulneren nuestros derechos, en una palabra, que no se nos maltrate.

Otro detalle, es importante gestionar la posible culpa que pueda aparecer en un inicio, para no ceder una vez más y empezar a tenernos primero en cuenta a nosotros mismos.

Para ello, resulta efectivo utilizar las autoafirmaciones para recordarte y decirte a ti mismo/a “me respeto y me acompaño, se cuidarme”. Ser consciente de que decir que no en algunas ocasiones es algo bueno para uno mismo, física y emocionalmente.

 Y esta es una actitud coherente con nuestros principios y valores y en armonía con las otras personas porque permitirá desarrollar una relación madura, sana y donde el respeto será la variable que se imponga sin necesidad de estarla pidiendo.

 

Beneficios de poner límites saludables:

ü  Vas a poder dejar claros tus principios, valores, criterios, opiniones, etc.

ü  Vas a darle valor y escuchar tu propia opinión.

ü  Vas a compartir con los otros de manera asertiva.

ü  Vas a permitirte mostrar tu propia vulnerabilidad con tu circulo de confianza.

ü  Vas a poder decir “No” sin sentir incomodidad.

ü  Vas a recibir un “No” como respuesta sin que te genere inseguridad o sentirlo como algo personal.

 

Porque, así como otras habilidades, el decir “no” es una habilidad que se tiene que entrenar. Debe ser practicada en numerosas ocasiones, para finalmente sentirnos cómodos con ella.

lunes, 17 de marzo de 2025

El divorcio y los hijos

 


“Una vez que pase la tormenta de arena, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste, pero una cosa será segura, ya no serás la misma persona”.

Haruki Murakami.


 El divorcio es una separación de la pareja que resulta dolorosa en diferentes grados, sobre todo cuando hay hijos de por medio. 

 Como toda perdida afectiva y final de una relación, se atraviesa por un proceso de duelo, aún sin que exista una muerte física de uno de los miembros. 

 Cuando hay hijos de por medio, es inevitable que no estén inmersos en la decisión. Frente a ello es necesario que los padres muestren una actitud adecuada y favorable, explicarles que la permanencia en la vida de sus hijos, aun a pesar de la distancia física, será por siempre de parte de ellos.

 Si bien el divorcio rompe la estabilidad, se necesita que el tema sea abordado de manera clara y concreta, considerando la edad y etapa de cada uno de los hijos.

 En ese sentido, un divorcio no necesariamente representa una tragedia.

 Una tragedia sería que los hijos presencien el desamor de sus padres o estén expuestos a comentarios como «yo sacrifico mi vida por mis hijos y por ello continúo viviendo contigo».

 Doloroso sería que los hijos sufran continuamente por las discusiones y peleas de sus padres diariamente, y más aún cuando hablamos de casos de maltrato en la pareja, abuso violencia de cualquier índole.

 Los efectos del desamor que presencian los hijos en los padres a futuro pueden generar en ellos la tendencia a establecer vínculos de sacrificio, mas no de amor. Es decir, los hijos podrían seguir el ejemplo de los padres, establecer relaciones siguiendo patrones disfuncionales.

 Un divorcio responsable compromete a ambos padres a brindarles a sus hijos una mejor calidad de vida en todo sentido, y ponerles fin a las desavenencias entre los padres.

 Un punto importante es dejar en claro que no es por ellos (los hijos) que se separan papá y mamá, que a veces las personas no logran tener las afinidades necesarias para convivir y que es mejor llegar a un acuerdo saludable donde si bien ya no estarán juntos bajo el mismo techo, ellos deben tener la plena seguridad que sus padres no los abandonaran porque existen entre ellos lazos indestructibles.

 Considerando que cualquier cambio es difícil sobre todo cuando están de por medio  sentimientos y emociones, hace falta desarrollar empatía, el tacto, la capacidad de observación, la paciencia entre otros aspectos  y estar atentos a los comportamientos, de ser necesario buscar ayuda profesional para afrontar el proceso de adaptación a la nueva convivencias; incluso si se lleva bien un proceso de separación, este sirve de gran aprendizaje, permite desarrollar habilidades de afrontamiento y toma de decisiones, donde es posible superar éste difícil periodo conservando los vínculos familiares y el bienestar de los miembros.

 En este proceso, los hijos pueden elaborar y procesar el divorcio de sus padres sin verse tan afectados, incluso pueden llegar a superar la separación de sus padres e integrar dos hogares —casa de papa y casa de mama—, hogares a los que ellos pertenecen, siendo parte de esas dos familias.

 Evidentemente esto se logra con más facilidad siempre y cuando los padres se separen de forma adulta y manejen el proceso con sensatez y responsabilidad afectiva.

  El divorcio es una posibilidad y, muchísimas veces, la única solución al vendaval de problemas de la pareja.

 Habrá padres que logran una separación madura y funcionan como equipo. Así como hay padres casados que no funcionan ni como pareja, ni como padres. Existen padres que continúan casados y no ejercen función paterna.

 Y en muchos casos, los niños criados por padres que no cumplen su función irán a tratamiento psicológico e incluso psiquiátrico por la magnitud y consecuencias de un mal manejo intrafamiliar.

 El divorcio no es una tragedia, la tragedia es que algunas personas no lo asuman, no lo acepten y no elaboren el duelo necesario para empezar otra etapa en su vida.

 No se puede normalizar un matrimonio mal llevado, ni normalizar un divorcio patológico

 Finalmente, el hogar debe transmitir seguridad y pertenencia en los hijos, sabiendo que continúan siendo familia, pero en dos casas distintas.

 Ps. Rocxana Croce P.


domingo, 16 de octubre de 2022

¡CUANDO NO, ES NO!

 

Cuando te encuentras en una situación incómoda, en la que te cuesta, o no puedes  decir NO ¿Cuál es la preocupación que ocupa tu pensamiento, qué es lo que pasa por tu cabeza? Quizás ¿qué va a pensar la otra persona, ¿cómo va a reaccionar, o qué va a decirme…? ¿O realmente es lo que quieres y opinas tú?

 

Decir NO puede parecer fácil, sin embargo, es una de las dificultades que más encontramos como motivo de consulta, siendo el origen de  algunos problemas, porque  al no saber negarse a los pedidos o deseos de otros, las personas terminan haciendo cosas que no desean, postergando sus necesidades en función de las ajenas.

Aprender a decir no, está muy relacionado con la asertividad, que consiste en el derecho a decir no, a expresar nuestra  propia opinión, a cambiar de idea, a no dar explicaciones si no lo deseamos.

La clave es hacerlo de un modo directo, respetuoso, amable, sereno, claro, sin rodeos…, pero siempre, defendiendo nuestros derechos.

Cuando somos asertivos entendemos que los derechos de los demás están a la misma altura que los nuestros

Para ello, es importante entrenarnos y desarrollar esta necesaria habilidad, estando los   psicólogos y psicólogas, para darte ese soporte, guía y esa ayuda. Por ejemplo: 

 

·        Al Decir que no: “No me apetece ir al cine hoy”, “Lo siento, pero no me gusta dejar el auto a otras personas”.

·        Al Expresar sentimientos negativos: “Me duele cuando te comportas así”, “Me siento decepcionada”.

·        Al Admitir críticas: “Háblame más de eso que dije y  te ha molestado”.

·        Al Pedir un cambio comportamental: “Me gustaría que cuando te diga mis sentimientos me miraras a los ojos, para sentir que estás escuchándome”.

·        Al Expresar opiniones diferentes: “Es que yo no creo que exista una verdad absoluta”.

Pero ¿por qué nos cuesta decir NO?

- La primera causa por la que nos puede costar decir no es por miedo al rechazo.  Quizás por el temor a que los demás piensen algo malo de nosotros.

Por ejemplo, podemos pensar que  nos mostramos insensibles o egoístas si decimos que no ante una petición de los demás.

- Otro motivo sería por los estilos de conducta que hemos ido aprendiendo y que nos llevan en algunos casos a pensar que, rechazar deseos o decir no, puede expresar falta de consideración, mala educación o incluso crueldad.

- Otra causa sería el no saber cómo hacerlo. Porque No sólo es cuestión de decir no, sino de expresarlo con naturalidad, con empatía sin generar enfrentamiento o agresividad. Muchas veces no decimos no, sencillamente, porque no tenemos las habilidades suficientes.

- También las malas experiencias en el pasado constituyen otro  motivo. Nos cuesta más decir no porque hemos tenido experiencias negativas, y esto ha creado un hábito de una  respuesta evitativa.

- Y en general, el motivo fundamental sería evitar emociones displacenteras que surgen cuando estoy diciendo que no.  Cuando pongo un límite me siento preocupado, nervioso, angustiado… y simplemente, a veces queremos “escapar” de esas sensaciones y decidimos que es más fácil evitar decir no.

 

Existen ciertas señales o indicios, que nos pueden indicar  que tenemos ciertas dificultades para decir no.

1-  Cuando tenemos la tendencia a justificarnos en exceso. Cuando nos decimos: “En realidad me da igual”. “Tampoco es tan importante”. Nos acostumbramos a soportar el malestar como un “mal menor”.

2-  Otra señal sería sentirnos enfadados o decepcionados por no habernos expresado como realmente queríamos. O, a pesar de haber dicho que no, sentirnos culpables.

¿Veamos qué efectos o consecuencias tiene no decir no?

No decir no, es una acción que no es neutra, es decir, tiene consecuencias, nos afecta.

Debemos entender que decir no es un acto legítimo, que hace que expresemos nuestra autonomía e independencia, nuestra capacidad para tomar decisiones, para reafirmarnos y expresar nuestras propias convicciones.

El no hacerlo y convertirlo, a fuerza de repetición, en nuestro estilo de conducta, evitativo, tiene como principal consecuencia, prácticamente, perder la percepción de control sobre nuestra vida.  No ser nosotros mismos.  Sentirnos como indefensos…y  que son los demás los que manejan nuestra vida nuestras decisiones, nuestras opiniones y nuestras respuestas.

Muchas personas que vienen a consulta por dificultades emocionales como falta de autoestima, miedos, preocupaciones, fracaso, enfado y que también muestran problemas físicos como dolores de cabeza, de estómago, ansiedad, somatizaciones…, al analizar estas causas, observamos que con mucha frecuencia el no saber decir no puede ser una de las dificultades relevantes en estas problemáticas.

Detectarlo permite dar con una solución eficaz, aprendiendo y entrenando esta habilidad, nos  permite poder controlar la propia vida. Y esta percepción de control es muy gratificante cuando se adquiere.

Además, se desarrolla la autoconfianza, seguridad, en suma: la autoestima.

También las personas que se  entrenan en esta habilidad, lo que observan es que sienten respeto e incluso admiración a sí mismos por el hecho de ser asertivos en determinados momentos o situaciones sociales, porque si solo deseamos agradar a los demás, dejamos de ser nosotros mismos y de vivir nuestra propia vida.

       –  Si aprendemos a decir «no», no significa que los demás nos van a dejar de querer. Porque  Si una persona realmente nos quiere, comprenderá que nuestras decisiones y deseos también son importantes.

 

¿Qué claves o estrategias pueden ayudarnos en esta dificultad para decir no?

En primer lugar, hay que ser conscientes de que es una habilidad que se entrena, es una destreza que se adquiere, se aprende, no es algo innato, con lo que nacemos.

A veces la idea de pensar que soy así y no puedo cambiar, es una idea que nos bloquea y nos impide ser asertivos o decir no. Esta es una idea que hay que desterrar, porque no es cierta.

En segundo lugar, no se trata sólo del hecho de decir no, sino de hacerlo del modo adecuado. cómo lo digo.  Por supuesto, sin  generar, incomodidad o malestar o violencia en los demás y es  clave  saber regularnos emocionalmente, gestionar toda la parte emocional que está interviniendo en este proceso de asertividad.

Y además Porque hay emociones que brotan cuando quiero ser asertivo o poner un límite al  decir un NO.  Surgen emociones como la culpa, el miedo, etc., y el cómo regulemos estas emociones va a determinar cómo va ser nuestra respuesta asertiva.

 

¿Cuál sería la mejor forma de decir no?

Es importante expresarnos con empatía, sin manipulación, pero con claridad y sin agresividad. Y esto requiere de técnica, y hay que entrenarla.

 Una de las técnicas con las que se suele trabajar sería la Técnica del Sándwich. Esta técnica es muy extendida, y consiste en expresar un mensaje negativo, pero empezar por una idea positiva que empatice con la otra persona. De manera que mantenemos firme el mensaje de negativa, pero lo incluimos en un “sándwich” de empatía y de asertividad, que hace que ese mensaje sea recogido de una manera más adecuada por el receptor.

Por ultimo, señalar que Saber decir NO a tiempo es importante. Porque nos permite ser los dueños de nuestra vida, poner límites y no ceder a manipulaciones ni chantajes.  

Ps. Rocxana Croce.


miércoles, 13 de julio de 2022

EL PERDÓN LIBERA

 


                                                        EL PERDÓN LIBERA

“El perdón es el perfume de las violetas en el taco de quien acaba de pisarlas" Mark Twain.


Martina Casullo, investigadora del Conicet, en 2006, condujo una encuesta realizada a 1715 personas de la Capital y el Gran Buenos Aires, sobre la importancia de perdonar y las razones para hacerlo.

Se encontró que gran parte de la población considera que perdonar es importante y que las mujeres perdonan más que los varones (95%, frente al 88% de los hombres). Ellas perdonan para, eventualmente, ser perdonadas, y consideran el perdón como un indicador de inteligencia. Los hombres  suelen perdonar para olvidar y seguir adelante.

En el contexto de pedir perdón/perdonar siempre hay una víctima y un victimario o transgresor. Uno se sentirá herido, perjudicado, dañado por otro y es indiscutible que existen situaciones donde es difícil perdonar, donde las posibilidades de ese acto están envueltas en tantas emociones, afectos, recuerdos y sentimientos que transitan por el corazón y en la mente al mismo tiempo.

Perdonar un acto de asesinato de un ser querido o a un violador, no se puede comparar, por ejemplo, con el perdón de alguien que nos haya mentido, robado o engañado.

En los reiterados escritos de la doctora Casullo se hace alusión a que "quien perdona se libera de un vínculo de apego negativo con aquella experiencia traumática". La persona logra neutralizar o darle un significado positivo a lo que pudo haberlo dañado.

Desde el punto de vista psicológico, hay tres caminos de manejar el odio, el resentimiento y la bronca: negarlo, vivir enojados, perdonar.

El perdón es una decisión, una actitud, un proceso interno que requiere compromiso, reconocimiento y aceptación de lo que paso.

Podríamos entenderlo incluso, como oportunidad para crecer y comprender que nadie es infalible y es el medio para reparar lo que está roto.

No es saludable que la ira, el rencor dominen nuestros pensamientos; si algo se puede recomponer, enmendar, e incluso si no hay nada ya que hacer en alguna circunstancia, el perdón nos humaniza ante los ojos de la otra persona y de nosotros mismos.

Perdonar ayuda a aligerar una pesada mochila en el alma.

Nos permite dejar el pasado (antes) y luego vivir libres (después).

El perdón no implica necesariamente el olvido.

Ayuda a conocer más a las personas y conocernos nosotros mismos.

Nos restaura el sueño.

Mejora la salud física y mental.  

Es una oportunidad.  


Ps. Rocxana Croce P.

Cuando comemos para calmar la ansiedad

  ¿Te ha pasado que estás preocupado, estresado o ansioso y, de pronto, sientes unas ganas enormes de comer? No necesariamente porque teng...