sábado, 25 de mayo de 2019

“No me atrevía a venir, he postergado esto por más de una década, ya no aguanto más”

“No me atrevía a venir, he postergado ésto por más de una década, ya no aguanto más”

Esta es una frase parecida a otras que escuchamos en consulta con cierta frecuencia, reveladora por cierto.

Llega ese momento en el que te das cuenta de que por tí mismo  no vas a poder más, no sales de ese agujero negro donde te encuentras entrampado, que llevas días, semanas, meses, años intentando salir de una situación complicada, caótica, sin rumbo en la que te encuentras.

Te desmotivas continuamente, dudas de tus decisiones y acciones y no ves los resultados que quieres a pesar de tus incontables intentos; nadie parece darse cuenta de los esfuerzos que haces por cambiar, tal vez los camuflas, los maquillas pero luego se te acaban los intentos, empiezas a decaer y enfermas por dentro.

Es entonces cuando te identificas con esa reflexión que dice:

 “no va a terapia quien tiene problemas, problemas tenemos todos, va a terapia quien realmente quiere solucionarlos” y das el paso crucial de buscar la cita.

Asistir a una terapia es una acertada decisión que permite no solo tener el soporte y contención necesarias frente a un conflicto o problema, sino que de la mano del profesional competente, te facilita el auto conocimiento, desmitifica ciertas creencias, pensamientos que funcionan como obstáculos imaginarios, identifica los puntos fuertes que de pronto no los estamos reconociendo o desarrollando y que pueden enriquecer nuestra vida.

Llegado el momento, podremos seguir con nuestra vida, recuperando la alegría de vivir, retomar la otra terapia de salir o reencontrarse con los amigos o amigas, reír a carcajadas con la familia, hasta que nos duela la barriga.

Ps. Rocxana Croce.


jueves, 2 de mayo de 2019

¿Tienes claros tus límites?




Mi libertad se termina donde empieza la de los demás. Jean Paul Sartre.

Los límites se expresan en todos los sentidos, desde el trato en pareja a la convivencia misma con las demás personas.

Para que una relación funcione es necesario que mantenga ciertos límites, considerando la individualidad de cada persona, sus experiencias y las expectativas de vida, la educación y los valores recibidos, su historia de vida familiar, su grado de autoestima, sus propios límites, etc.

En nombre del amor también se han cometido y permitido muchos daños, muchos excesos. Y es ahí donde justamente debemos de tener en cuenta que en una relación hay conductas que no deberíamos dejar pasar, aquellas que traspasan lo permitido porque van en contra de nuestros principios y convicciones, incluso de nuestra propia integridad.

Establecer límites claros en una relación es necesario para una buena interacción, pero no siempre se trata ni se  conversa de antemano. 

Las personas a veces sienten temor de exponer sus límites por las consecuencias quizás´desfavorables´que estas puedan tener; piensan que si expresan con honestidad y dicen lo que piensan a la otra persona, ello puede ser motivo de discusión, disconformidad, molestia o incluso que se termine una relación.

Puede ser además que se haya desarrollado un vínculo de apego, la dependencia emocional que mantiene comportamientos poco sanos como el hecho de aguantar o soportar los malos tratos, las mentiras, etc. 

Nuevamente por el temor a no perder o romper la relación, incluso con justificaciones como: “va a cambiar porque me quiere, “ya le pasará, seguro está cansado”, etc. Y si aún establecidos nuestros límites la persona los traspasa, los vulnera, hace daño y no los respeta de manera consecutiva, estamos en la necesaria obligación de salvaguardar nuestra salud emocional y ser responsables con uno mismo, de cuidarnos y mostramos cuanto nos estimamos.

Para ello debemos haber desarrollado una buena autoestima que dé cuenta de la autovaloración, de ser capaces de decir las cosas como las pensamos y sentimos, incluso con la posibilidad de estar solos el tiempo que sea necesario, sin un compromiso.

Teniendo claro ello, será posible no bajar la cabeza, no someternos o dejar que se vulneren nuestros derechos, en una palabra, que no se nos maltrate.

Esta es una actitud coherente con nuestros principios y valores y en armonía con las otras personas porque permitirá desarrollar una relación madura, sana, donde el respeto será la variable que se imponga sin necesidad de estarla pidiendo. 

Ps. Rocxana Croce P.


De puño y letra

Hace un año atrás recibí éste mensaje, conmovedor por cierto, de un apreciado amigo, resulta significativo en éstos tiempos donde...