martes, 23 de octubre de 2018

El pasado no condena




Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro mira tu presente que es la causa. Buda.


Que difícil es a veces llegar a un estado de bienestar cuando se trae consigo experiencias previas poco gratificantes, dolorosas, incluso traumáticas, que a manera de mochilas  acompañan la vida de muchas personas desde tempranas edades.


En consulta escuchamos temas de toda índole, unos más complejos que otros, pero aquellos donde la persona refiere experiencias de su historia familiar con un contenido desfavorable y penoso como por ejemplo los casos de violencia familiar, alcoholismo, drogas, abusos, abandonos, etc., añadido a  la propia historia personal del paciente, que queda terriblemente entrampado sin lograr soltarse de ésta dura carga emocional,  ni saber cómo enfrentar ésta situación que la vida le trae por añadidura.

La película Star Wars nos pemite ver el papel de la joven Rey que da cuenta de una mujer valiente que se empodera en medio de las dificultades, no solo de su presente sino de su pasado, que lucha con todo e incluso desarrolla habilidades que nunca pensó tener, todo desde el poder de su fuerza interna.

Viaje al interior de uno mismo.
Justamente la terapia permite a la persona poder encontrarse consigo misma y con su pasado, el cual no se intenta negar sino más bien darle la cara para analizarlo, comprenderlo, aceptarlo en la medida de las circunstancias; y ésto se consigue desprendiéndose de las barreras defensivas que se han estado usando como protección, incluso de manera inconsciente.

Surge entonces la resiliencia que se despliega como aquella fortaleza, ese recurso interno que nos permite justamente emerger de las situaciones difíciles y enfrentarlas para poder superarlas gracias a la lucha y el deseo de salir adelante.

Porque el pasado no se niega, se enfrenta y se sigue el camino.

Decía el filósofo griego Epicuro: "Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para que uno se ocupe de su propia alma".

Ps. Rocxana Croce.


miércoles, 3 de octubre de 2018

Control de la Ira

La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.  Séneca.





La ira es una emoción que nos sucede a las personas y genera enojo y malestar.  Si bien hay grados y niveles de intensidad en su manifestación, el problema es cuando la ira rebasa la propia capacidad de auto control y termina convirtiéndose  en un sentimiento negativo que afecta no solo a nuestro entorno próximo, sino a nosotros mismos, afectando la propia salud.
Algunos estudios revelan que la ira puede surgir por una predisposición de tipo biológica o genética, además frente a ciertas situaciones como estados de angustia, estrés, fatiga, cambios hormonales, menstruación, problemas sexuales, incluso en estados de abstinencia o el hambre, influyen en los estados de ira.

Esta emoción también se activa frente a situaciones donde hay  impotencia, frustración por no resolver algo y entonces viene la reacción casi en automático, donde nuestra capacidad de razonamiento se ve afectada. 
Pero la ira no es producto solo de eventos del presente, también se presenta por situaciones del pasado que se arrastran a lo largo del tiempo.  Casos de violencia, agresiones de toda índole, injusticias, abusos, malos tratos a las que una persona ha sido sometida, son heridas no curadas que no terminan de sanar.
Este cúmulo de sentimientos de enojo frente a situaciones que percibimos como una amenaza, generan una especie de olla a presión que termina saliendo por momentos en forma dañina, inadecuada e incluso peligrosa por ésta dificultad e impotencia para afrontar una determinada situación.
Sin embargo, la ira puede encausarse y para ello es necesario encontrar formas adecuadas para canalizar la emoción negativa.

Acá exponemos algunas de ellas:

* Piensa antes de hablar: es decir, antes de que salga de tu boca una palabra o frase hiriente, llena de rabia, ordena los pensamientos. Esto te tomará unos segundos y evitarás arrepentimientos por una palabra mal dicha.



* Exprésate: de todo el cúmulo de pensamientos que ya ordenaste, comunica con la mayor objetividad y simpleza posible aquello que quieres decir, no hay necesidad de herir a las personas si tienes claro y eres asertiva en lo que quiere decir.  Comunícate en primera persona, emplea frases como "no me agrada cuando te hablo y no me miras" en vez de decir "tú nunca te dignas a mirarme"
Evita los "nunca" o los "siempre" porque la vida tiene otros grados, otros matices. 
El respeto de por medio evitará ahondar fisuras. Y no pensar que en las relaciones interpersonales se trata de ganar o perder, no es una contienda.

* Analiza y encuentra soluciones: más allá si la ira surge en el presente, hay situaciones que la disparan con cierta frecuencia. Intenta en un momento de serenidad de pensar y buscar soluciones a aquello que te genera la cólera con cierta regularidad. 
De pronto ver el que tu pareja no es ordenado de la forma como tu quisieras, o que tu hijo deja los platos en su dormitorio, ello son disparadores para que poco a poco vayas perdiendo el control e irrumpas con cólera. Piensa de qué manera puedes llegar a un acuerdo con ellos, considerando que muchas veces se necesita de tiempo para resolver cosas, sobre todo cuando se trata de hábitos en la conducta humana.

* Descansa y Relájate: el sueño es un alimento, no estar descansado restará la posibilidad de tener mayor energía para afrontar el día, unas ocho horas de descanso son importantes.
Maneja una buena respiración que llegue a todo tu cuerpo (respiración abdominal) y  exhala lentamente,  concentrándote en este acto por unos segundos, sin otro pensamiento de por medio, sin juzgar nada (mindfulness). Practica yoga, natación o algún otro deporte que facilite el manejo de las emociones y ayude a armonizar tu estado físico y mental. 

* Evita situaciones y personas: si identificamos aquellos contextos y personas que nos irritan y afectan aumentando nuestro estado de ira, entonces en la medida de lo posible tratemos de evitarlas; aunque a veces no se puede dejar de tener contacto ya sea porque son familiares, porque puede ser un jefe,  un profesor por ejemplo, busquemos tratar de conversar con los mismos.

* El buen humor: siempre  es una herramienta efectiva para afrontar los enojos, alivia la tensión y facilita la comunicación. Ojo, no confundir el buen humor con el sarcasmo o ironía porque en ese caso podemos herir a las personas y empeorar la situación.

* Reestructura tus pensamientos:  los pensamientos son poderosos y a veces no están en sintonía con la realidad, se deforman, se exageran y se reflejan en la forma como nos expresamos. Por ejemplo decir "esto se fue al diablo, ya no sirve", reemplazarlo por "posiblemente se me salio de las manos, no lo logré pero debo ver otra forma de hacerlo mejor, enojándome no soluciono lo que pasó".
Pensar con una lógica personal porque es la manera de controlar una emoción que se vuelve muchas veces irracional.  Considerar que las cosas no necesariamente están en mi contra o que  el mundo no me da la espalda; en todo caso pensar que son situaciones de la vida cotidiana que estoy experimentando, no como desearía pero que son parte de la misma; son formas de pensamiento vistos desde otro ángulo que tal vez no utilizamos porque aprendimos solo a reaccionar de un modo.

Por lo general nuestras demandas o lo que uno espera de las personas es algo que se ajusta a nuestros deseos y pensamientos, pero no siempre concordamos o recibimos aquello que pensamos o deseamos y ésto tiene que ver con las expectativas que tengamos, donde podemos terminar saliendo lastimados porque no se cumple lo que esperábamos y surge la frustración en forma de la ira.  Es ahí donde la reestructuración  cognitiva ayuda una vez que tomamos conciencia de aquello que queremos obtener (expectativas).  
Si esta funciona  a manera de una exigencia tendremos que regularla y transformarla a un deseo, que si no se cumple, las emociones que sentiré serán las normales o menos dañinas, como una desilusión, un dolor o una frustración manejable que no llega a un nivel de agresividad y descontrol. 
Cambiar las expresiones "tengo que tenerlo" o "tienes que hacerlo", por "me agradaría", "sería mejor", facilita el manejo del enojo y es más sano.



* Busca a un psicólogo: cuando sientas que ya agotaste todas las posibilidades de poder manejar estas conductas y se escapan de tus manos, busca a un profesional de preferencia con un enfoque cognitivo conductual  que te brinde ayuda para gestionar  y controlar las reacciones de ira que se puedan estar tornando frecuentes en tu vida.

NUESTROS ANCESTROS. RESPETO Y GRATITUD

Por lo general cuando pensamos en nuestros antepasados, de dónde venimos, nuestras raíces, nos remitimos a nuestros padres, abuelos,...