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jueves, 13 de agosto de 2026

VIH: más allá del virus, el peso del estigma


¿Qué puede ser más difícil para una persona que vive con VIH: enfrentar el virus o enfrentar el miedo al rechazo de los demás?

Porque cuando hablamos de VIH, no solamente hablamos de una condición de salud. También hablamos de emociones, relaciones, autoestima, sexualidad y, sobre todo, de estigma.

VIH NO ES LO MISMO QUE SIDA

Primero, aclaremos algo importante: VIH y sida no son lo mismo.

El VIH es el virus de la inmunodeficiencia humana. Cuando una persona adquiere el VIH, el virus afecta su sistema inmunológico.

Pero actualmente existen tratamientos que permiten controlar el virus y que las personas que viven con VIH puedan llevar una vida larga y saludable.

El sida, en cambio, es una etapa avanzada de la infección por VIH que puede aparecer cuando la infección no ha sido tratada adecuadamente.

¿Por qué comienzo haciendo esta aclaración? Porque todavía existen muchas ideas antiguas y equivocadas alrededor del VIH.

Y cuando existe desinformación, fácilmente aparecen el miedo y los prejuicios.

Aquí aparece una palabra muy importante: Estigma

El estigma ocurre cuando una persona es etiquetada negativamente debido a una característica, condición o situación.

En el caso del VIH, puede aparecer cuando pensamos que una persona con VIH necesariamente ha tenido determinadas conductas sexuales, cuando asumimos que sabemos cómo adquirió el virus o cuando creemos que debemos mantenernos alejados de ella.

Incluso todavía hay personas que creen que pueden adquirir el VIH por abrazar a alguien, compartir un vaso, sentarse a su lado o utilizar el mismo baño.

Y no es así.

El VIH no se transmite por esos contactos cotidianos.

Pero el problema es que estos prejuicios no solamente generan discriminación. También pueden tener consecuencias psicológicas importantes.

Por ejemplo, una persona puede sentir tanto miedo de ser rechazada que prefiera no contarle a nadie su diagnóstico.

Incluso puede evitar hacerse una prueba por temor a descubrir el resultado.

Y aquí vemos cómo el estigma puede convertirse en una barrera para el cuidado de la propia salud.

EL MIEDO AL RECHAZO

Imaginemos por un momento que una persona recibe un diagnóstico de VIH.

Es posible que inicialmente sienta miedo, preocupación, tristeza o incertidumbre.

Y eso es comprensible.

Pero quizá aparece otro tipo de miedo:

“¿Qué van a pensar de mí?”

“¿Mi pareja me va a dejar?”

“¿Mi familia me va a rechazar?”

“¿Podré volver a tener una relación?”

“¿Alguien querrá estar conmigo?”

Entonces podemos comprender que el impacto psicológico de un diagnóstico no depende únicamente de la condición médica.

También depende de cómo creemos que los demás van a reaccionar frente a ella.

Y para algunas personas, ese miedo al rechazo puede llegar a ser tan intenso que comienzan a aislarse, a ocultar información importante o a cuestionar su propio valor.

EL ESTIGMA Y LA SALUD MENTAL

Cuando una persona siente que debe esconder una parte importante de su vida por miedo a ser juzgada, puede experimentar ansiedad, tristeza, vergüenza, culpa o soledad.

Y existe otro riesgo: comenzar a pensar que el diagnóstico define quién es.

Por eso quiero hacer una distinción muy sencilla, pero muy importante:

Una persona tiene VIH, pero no “es” el VIH.

Su diagnóstico es una condición de salud. No define su personalidad, sus capacidades, sus valores, su capacidad para amar ni su valor como ser humano.

Parece una diferencia pequeña, pero psicológicamente es enorme.

VIH Y RELACIONES DE PAREJA

Otro tema que puede generar mucha preocupación son las relaciones de pareja.

Una persona que vive con VIH puede preguntarse:

“¿Cuándo se lo digo?”

“¿Cómo se lo digo?”

“¿Me rechazará?”

“¿Pensará que le he mentido?”

Estas preguntas pueden generar mucha ansiedad.

Y aquí es importante hablar de responsabilidad, pero también diferenciarla de la culpa.

La sexualidad implica responsabilidad, comunicación y cuidado mutuo.

Conocer nuestro estado de salud sexual y hablar de estos temas con la pareja forma parte de ese cuidado.

Pero responsabilidad no significa culpabilidad.

Tener VIH no convierte a una persona en culpable ni en alguien moralmente inferior.

Y tampoco deberíamos asumir automáticamente cómo adquirió el virus.

Ese tipo de juicios es precisamente una de las formas en que funciona el estigma.

UNA VIDA CON VIH

También es importante saber que un diagnóstico de VIH no significa que la vida se haya terminado.

Con diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado, las personas que viven con VIH pueden mantener una buena calidad de vida.

La información científica es una de las mejores herramientas para combatir el miedo.

Porque cuando conocemos la realidad, podemos reemplazar los prejuicios por conocimiento y el miedo por una actitud más responsable.

¿CÓMO PODEMOS DISMINUIR EL ESTIGMA?

No necesitamos ser especialistas para contribuir.

Primero, informarnos.

Muchas veces el prejuicio nace de información antigua o incorrecta.

Segundo, cuidar nuestro lenguaje.

Las palabras importan.

No es lo mismo hablar de una persona desde el respeto que reducirla a su diagnóstico.

Tercero, respetar su privacidad.

No tenemos derecho a divulgar la información de salud de otra persona ni a convertir su diagnóstico en un tema de conversación.

Y cuarto, recordar algo muy sencillo:

Una persona con VIH sigue siendo una persona.

Tiene sentimientos, proyectos, miedos, sueños, familia, trabajo, relaciones y una historia que va mucho más allá de su diagnóstico.

SI ESTÁS VIVIENDO CON VIH

Y quiero dedicar unos minutos especialmente a ti que quizá estás leyendo este articulo y vives con VIH.

Tal vez algunas de las cosas que he mencionado te resulten familiares.

Quizás has sentido miedo, vergüenza, culpa, tristeza o preocupación por lo que otras personas puedan pensar de ti.

Quizás incluso has pensado:

“¿Quién va a querer estar conmigo ahora?”

“¿Cómo voy a contarle esto a alguien que quiero?”

Si te has sentido así, quiero decirte algo importante:

Tus emociones son comprensibles.

Recibir un diagnóstico puede generar un impacto emocional importante y no tienes que obligarte a sentirte bien inmediatamente.

Date permiso para procesar lo que estás viviendo.

Pero intenta también diferenciar entre lo que estás sintiendo y lo que realmente eres.

Puedes sentir vergüenza sin ser una persona vergonzosa.

Puedes sentir miedo sin que tu futuro esté perdido.

Puedes sentir tristeza sin que eso signifique que no volverás a ser feliz.

Y puedes vivir con VIH sin que el VIH defina quién eres.

No tienes que atravesar este proceso completamente solo.

Busca personas en las que puedas confiar, que puedan escucharte sin juzgarte. Mantén también el acompañamiento de los profesionales de salud que correspondan para recibir información, tratamiento y orientación adecuados.

Y si notas que la tristeza, la ansiedad, la culpa o el miedo están interfiriendo con tu vida cotidiana, tus relaciones, tu trabajo o tu capacidad para cuidarte, buscar apoyo psicológico puede ser una buena decisión.

La terapia puede ayudarte a procesar emocionalmente el diagnóstico, trabajar el miedo al rechazo, fortalecer tu autoestima y aprender a manejar las emociones que puedan aparecer.

También quiero recordarte algo importante:

Tu diagnóstico forma parte de tu intimidad.

No tienes que contárselo a todo el mundo. Puedes decidir con quién compartir información sobre tu salud y cuándo hacerlo, teniendo en cuenta las responsabilidades de salud sexual que correspondan.

Y si alguna persona te rechaza por vivir con VIH, recuerda que ese rechazo no determina tu valor como persona.

No permitas que el estigma de los demás se convierta en la manera en que tú te miras a ti mismo.

Tu diagnóstico forma parte de tu historia, pero no es toda tu historia.

Sigues siendo tú: con tus capacidades, tus vínculos, tus proyectos, tus sueños y tu derecho a construir una vida plena.

Y, para terminar, quiero que nos quedemos con una idea:

Cuando hablamos del VIH, hablamos de un virus, sí.

Pero también hablamos de miedo, prejuicios, discriminación, autoestima, relaciones, sexualidad y salud mental.

Por eso, combatir el VIH también implica combatir la desinformación y el estigma que todavía existe alrededor de él.

Una sociedad más informada es una sociedad menos prejuiciosa.

Y una persona que recibe un diagnóstico de VIH no debería tener que enfrentarse, además de a una condición de salud, al rechazo de los demás.

Así que la próxima vez que escuches un comentario discriminatorio o una información falsa sobre el VIH, recuerda que puedes hacer algo muy sencillo: informarte, cuestionar el prejuicio y no reproducir el estigma.

Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona.

Una persona que merece respeto, privacidad, cuidado y la posibilidad de continuar con su vida y sus proyectos.

Y recuerda: un diagnóstico puede formar parte de tu historia, pero nunca tiene por qué convertirse en toda tu identidad.

Ps. Rocxana Croce P.

jueves, 9 de abril de 2026

El síndrome de la vida ocupada


 ¿Te ha pasado que terminas el día completamente cansado, pero con la sensación de que realmente no viviste el día?

Vivimos ocupados… pero ¿estamos viviendo?

Vivimos en una época donde estar ocupado parece ser la norma. Corremos de una tarea a otra, revisamos mensajes, cumplimos responsabilidades y llenamos nuestras agendas. Pero en medio de todo eso, muchas personas sienten algo extraño: están haciendo muchas cosas, pero al mismo tiempo sienten que la vida pasa demasiado rápido.

Por qué pasa esto, cómo afecta nuestra mente y qué podemos hacer para recuperar algo que parece escaso en estos tiempos: el tiempo para vivir con calma.

Hoy en día es muy común escuchar frases como:
“Estoy a mil”, “no tengo tiempo para nada”, “mi semana está llena”.

Vivimos en una cultura donde estar ocupado se ha convertido casi en una señal de éxito o productividad. Sin embargo, muchas personas experimentan algo que en psicología se podría llamar el síndrome de la vida ocupada.

No es un diagnóstico clínico, pero describe una realidad cada vez más común:  personas que viven constantemente ocupadas, pero emocionalmente agotadas, desconectadas y con la sensación de que la vida pasa demasiado rápido.

Y lo curioso es que muchas veces no estamos ocupados solo por necesidad, también lo estamos por hábito.

Piensa en tu última semana ¿recuerdas algún momento en el que realmente hayas estado tranquilo, sin sentir que tenías que hacer algo más?

Pregúntate ¿Cuántas veces al día revisas el celular, el correo o mensajes de trabajo incluso cuando estás descansando?”

¿Qué es el síndrome de la vida ocupada?

El síndrome de la vida ocupada aparece cuando llenamos nuestra agenda constantemente, hasta el punto de que casi no queda espacio para descansar, reflexionar o simplemente estar presentes.

La mente se acostumbra a estar en modo automático y en modo urgencia. Las personas con este patrón suelen experimentar:

  • sensación constante de prisa
  • dificultad para desconectarse del trabajo o responsabilidades
  • agotamiento mental
  • dificultad para disfrutar momentos simples
  • una sensación de que siempre “falta algo por hacer”

En lugar de vivir el día, lo sobrevivimos.

¿Por qué caemos en este estilo de vida? Hay varias razones psicológicas y sociales.

- La cultura de la productividad

Vivimos en una sociedad que valora mucho el rendimiento. A veces sentimos que nuestro valor depende de lo que producimos o logramos. Por eso, descansar puede generar culpa.

- El miedo a detenernos

Cuando estamos constantemente ocupados, no tenemos mucho espacio para pensar en nuestros problemas, emociones o decisiones importantes.

En algunos casos, la ocupación se convierte en una forma de evitar sentir.

- La ilusión de control

Estar ocupado da la sensación de que estamos avanzando o controlando nuestra vida. Pero muchas veces estamos llenando el tiempo sin preguntarnos si lo que hacemos realmente es importante para nosotros.

 

Consecuencias psicológicas de vivir permanentemente ocupados:

1.Estrés crónico
El cuerpo permanece demasiado tiempo en estado de alerta.

2.Cansancio emocional
Incluso cuando descansamos, sentimos que la mente no se apaga.

3.Desconexión personal
Perdemos contacto con lo que realmente queremos, sentimos o necesitamos.

4.Relaciones superficiales
Cuando siempre estamos apurados, dejamos de tener conversaciones profundas o momentos de calidad.

En resumen, la agenda se llena, pero la vida se vacía.

 

Señales de que podrías estar viviendo demasiado ocupado

  • sientes culpa cuando no estás haciendo “algo productivo”
  • revisas el celular o el trabajo incluso en momentos de descanso
  • te cuesta relajarte sin sentir que pierdes tiempo
  • tu agenda siempre está llena, pero no recuerdas cuándo fue la última vez que disfrutaste realmente un día

Si alguna de estas cosas resuena contigo, no significa que estés haciendo algo mal, pero puede ser una señal de que tu ritmo de vida necesita ajustarse.

 

Cómo empezar a salir del ciclo de la vida ocupada

La solución no es dejar todas las responsabilidades, sino aprender a vivir con más conciencia y equilibrio.  Aquí algunas estrategias prácticas:

1. Pregúntate qué es realmente importante

No todo lo urgente es importante.
Y no todo lo importante es urgente.

Hacer esta diferencia ayuda a priorizar mejor nuestra energía.

2. Agenda también el descanso

Así como programamos reuniones o tareas, también podemos programar momentos de pausa: caminar, leer, conversar, o simplemente no hacer nada.

El descanso no es pérdida de tiempo, es recuperación mental.

3. Practica momentos de presencia

Algo tan simple como tomar un café sin mirar el celular o caminar prestando atención al entorno puede entrenar al cerebro a salir del modo automático.

4. Aprende a decir no

Muchas agendas saturadas no vienen solo de obligaciones reales, sino de compromisos que aceptamos por presión, costumbre o miedo a decepcionar.

Decir “no” a algunas cosas es decir “sí” a tu bienestar.

Por último, tal vez el problema no es que tengamos muchas cosas que hacer.

El problema es cuando hacer cosas se convierte en nuestra única forma de vivir.

La vida no solo ocurre en los momentos productivos.  También ocurre en los silencios, en las pausas, en las conversaciones, en los pequeños momentos que normalmente pasamos por alto.

A veces, el cambio más importante no es hacer más, sino aprender a detenernos un poco.

Al final, una vida llena de actividades no siempre es una vida plena.

Ps. Rocxana Croce P.

martes, 26 de diciembre de 2023

El síndrome de burnout

 

"A veces, lo más productivo que puedes hacer es relajarte."  Mark Black

 

Aunque, en pequeñas dosis, el estrés puede ayudar a centrarnos y actuar con rapidez, sin embargo, cuando este estado se vuelve constante, se convierte en un problema crónico que debemos evitar a toda costa.

La OMS reconoce el síndrome del burnout, “síndrome de estar quemado” o de desgaste profesional, describiéndolo como un trastorno emocional fruto de una situación de estrés crónico.

El burnout es un estado generalizado de agotamiento provocado por un alto nivel de estrés. Este malestar puede ser físico, mental o emocional y estar muy relacionado con la actividad laboral que desempeñan las personas.


Los síntomas de burnout

Si bien cada persona vive el estrés de diferente manera, lo cierto es que existe un cuadro de síntomas específicos que caracterizan el burnout. Estos son los más recurrentes:

1.Problemas cognitivos: el estrés prolongado puede afectar a la concentración, la memoria y la toma de decisiones.

2.Disminución en la autoconfianza: producida por un sentimiento de insuficiencia que se refuerza en tanto que las personas no pueden cumplir con todos los pendientes.

3.Trabajar con irritabilidad y enojo.

4.Dificultad para dormir: relacionada con las preocupaciones constantes o con las afectaciones físicas y del ciclo de sueño.

5.Dolores musculares: detonados por un incremento en la tensión física o por dedicar mucho tiempo en una misma actividad. 

6.Cefalea o mareos: provocados por pasar horas continuas ante la computadora o por forzar las capacidades mentales para resolver problemas. 

7.Problemas gastrointestinales: vivir una situación de estrés laboral puede alterar la función digestiva, causando síntomas como dolor abdominal, diarrea, estreñimiento y acidez estomacal

8.Fatiga: derivada de la actividad física y mental extrema, así como por agotar las energías en jornadas de trabajo extenuantes.

9.Depresión: propiciada cuando los anteriores síntomas afectan el comportamiento de las personas, lo que genera una mala imagen propia, falta de seguridad y desmotivación.

10.Nerviosismo constante: originado por la falta de seguridad, incertidumbre y temor ante el fallo.

Cambios de comportamiento que pueden derivar en emociones extremas, tales como conducta explosiva o impulsos irracionales: ocasionados por una falta de control psicosocial, aislamiento social.

Por lo general, estos indicios se presentan de forma conjunta, pero algunas personas tienen aptitudes más desarrolladas para lidiar con ciertos efectos del estrés, así que no presentan todos los signos de burnout.

De cualquier modo, lo más importante es saber identificar cuando alguien en tu equipo de trabajo está atravesando por esta situación o, incluso, cuando tú mismo lo padeces. Solo de este modo, podrás actuar para mejorar las condiciones de trabajo de las personas.   

 

Causas de burnout relacionadas con el trabajo

-        Sentir que tiene poco o ningún control sobre su trabajo.

-        Falta de reconocimiento o recompensa por el buen trabajo.

-        Expectativas laborales poco claras o demasiado exigentes.

-        Hacer un trabajo que sea monótono.

-        Trabajar en un ambiente caótico o de alta presión.

-        Causas del estilo de vida de burnout

-        Trabajar demasiado, sin tiempo suficiente para socializar o relajarse.

-        Falta de relaciones cercanas y de apoyo.

-        Asumir demasiadas responsabilidades, sin suficiente ayuda de otros.

-        No dormir lo suficiente.

-        Los rasgos de personalidad pueden contribuir al burnout

-        Tendencias perfeccionistas; nada es lo suficientemente bueno.

-        Visión pesimista de usted mismo y del mundo.

-        La necesidad de tener el control; renuencia a delegar a otros.

 

¿Cómo enfrentar el síndrome burnout?

Hay una gran variedad de herramientas y estrategias que puedes implementar para tomar medidas contra el agotamiento en el trabajo.

Sé proactivo: Planifica y gestiona adecuadamente el contenido de tu trabajo para prevenir la sobrecarga laboral. Es mucho más fácil prevenir el Síndrome de Burnout que solucionarlo una vez que ya se produjo. 

Conciliar con límites claro: Es importante establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal. Definir tiempos de descanso, desconexión digital y actividades de ocio para equilibrar las responsabilidades laborales.

Marca los límites: Todas las causas del burnout tienen algo en común: la presión externa. Una de las mejores maneras de revertirlo es importante establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal. Es importante definir tiempos de descanso, desconexión digital y actividades de ocio para equilibrar las responsabilidades laborales.

Cuídate: Con mucha frecuencia, el síndrome surge porque dedicamos demasiado tiempo al trabajo y nada a nosotros mismos. Dedícate tiempo, haz algo que te guste y fíjate si puedes dejar de pensar en el trabajo durante una hora, una tarde o un fin de semana completo.

Practicar técnicas de relajación: Realizar actividades como meditación, mindfulness o yoga puede ayudar a reducir los niveles de estrés y a sentirse más relajado.

Realiza actividad física: El ejercicio ayuda a descargar la tensión. Se recomienda hacer una caminata diaria de, al menos, 20 minutos.

Desarrolla la resiliencia: Forja buenas relaciones en el entorno laboral. Muchas veces, el burnout se produce porque estás aislado y, a la vez, bajo mucha presión. Una buena opción para fortalecer la resiliencia con el fin de prevenir el agotamiento es cultivar las buenas relaciones en el trabajo. De este modo, si las presiones empiezan a acumularse, tendrás el apoyo social de tus compañeros para que te ayuden.

Jerarquiza tus objetivos: Esto no significa que no vayas a tener mucho trabajo más adelante, sí implica tener una idea clara a qué darle prioridad, qué es lo importante en tu trabajo en el aquí y el ahora. Además, si la presión se acumula y necesitas deshacerte de algo de trabajo, puedes priorizar las tareas más importantes con efectividad.

De igual forma sugerimos ser conscientes de nuestras capacidades, saber delegar y saber desconectar de los dispositivos tecnológicos cuando estamos compartiendo con las personas que queremos.

Solicitar ayuda: No hay que tener miedo de buscar ayuda profesional a través de psicólogos especialistas en estrés laboral.


Todas estas recomendaciones te ayudarán a disminuir el riesgo de padecer el Síndrome Burnout, aunque es necesario comprender que la prevención es la mejor cura.

El burnout es una señal innegable de que algo importante en su vida no está funcionando. Tómese el tiempo para pensar en sus esperanzas, metas y sueños. ¿Está descuidando algo que es realmente importante? Esta puede ser una oportunidad para redescubrir lo que realmente le hace feliz, reducir la velocidad y darse tiempo para descansar, reflexionar y sanar.

"Casi todas las cosas volverán a funcionar si las desenchufas por unos minutos... incluso tú."  Anne Lamott.

Ps. Rocxana Croce


miércoles, 19 de mayo de 2021

Para de sufrir

 


El dolor es inevitables, pero el sufrimiento es opcional.

👉La palabra sufrir viene del verbo "sufferre". "Ferre" quiere decir algo así como: llevar o soportar. 

Llevar o soportar un peso, una mochila que duele y enferma.

Sufrimiento y dolor son parte de la vida, aunque en ocasiones sufrimos innecesariamente.

Por ejemplo la persona que en vez de responsabilizarse de lo que le pasa,  juega a ser víctima y a estar resentida con la vida y con los demás (victimización). 
Es una posición de sufrimiento, es manipuladora y no ayuda para estar mejor.

El dolor esta presente en nuestras vidas porque se relcaciona con las pérdidas, con un duelo.

Además, el dolor es proporcional a la pérdida que podamos haber tenido. Incluye emociones de tristeza, de rabia, de decepción.

El sufrimiento es una elección que puede incluso durar toda la vida, aún cuando la situación que la generó ya haya pasado. 

El sufrimiento se alimenta de pensamientos desadaptativos que resultan obsesivos y conforman una mochila pesada que se carga por la vida.

ACTUAR implica abrirnos al dolor, aceptarlo, acogerlo y expresarlo para que lo podamos atravesar y pasar a la siguiente emoción.

Para dejar de sufrir necesitamos reconocer que estamos sufriendo, validar nuestro dolor y ver cuál es la ganancia secundaria que estamos obteniendo con ese sufrimiento.

Finalmente uno decide y elige....... y recordar que solo tenemos una vida.💖

Ps. Rocxana Croce P.

Cuando comemos para calmar la ansiedad

  ¿Te ha pasado que estás preocupado, estresado o ansioso y, de pronto, sientes unas ganas enormes de comer? No necesariamente porque teng...