domingo, 2 de octubre de 2011

El duelo

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Es muy difícil admitir que a todo proceso de pérdida  ya sea de un ser querido, de una situación, de un estatus o de un objeto, requiere de un proceso de adaptación a la nueva situación.

Generalmente lo que hacemos para controlar nuestras emociones es negarlas, ignorarlas, seguir nuestra vida como si no pasara nada, como si no existieran.
Pero es ahí justamente donde esta la fuente de los desequilibrios psicológicos que hará que nuestro cuerpo reaccione con consecuencias en nuestra salud incluso.

Socialmente, la expresión del sufrimiento está mal vista. Se nos exige superar cuanto antes las crisis y volver a "la normalidad".  Olvidamos de que la tristeza, la nostalgia o el dolor son reacciones absolutamente normales y necesitan su tiempo y espacio para ser expresadas. 

 Tratamos de cubrirlas con nuevas adquisiciones o experiencias que sustituyan a lo que hemos perdido....y terminamos engañándonos a nosotros mismos. 

La sociedad apoya constantemente este comportamiento evasivo, pero aunque nos resulte difícil incorporar la palabra "duelo" en nuestra vida hoy es más necesario que nunca porque la vida, nos coloca muy a menudo en situaciones de pérdida. Claro, no todas tienen el mismo significado ni la misma profundidad pero sí que es importante familiarizarse con esos sentimientos y estar preparados para afrontarlas cuando se presenten.

Sugerencias como "No estés triste",  "Olvídate de lo que no puedes cambiar", "Mira hacia delante", "No pienses más en eso", "Hay que ser fuerte", "No llores delante de los demás, que no te vean así" o "Piensa en los demás" lo único que hacen es negar a la persona la oportunidad de expresar sus sentimientos obligándola a comportarse de acuerdo con determinados criterios sociales o del ambiente donde vive.

No hay por qué temer la expresión de un sentimiento de dolor ni hay por qué aconsejar al otro lo que tiene que hacer. Nadie puede saber cómo se siente una persona ya que cada uno de nosotros vive los acontecimientos de forma absolutamente única y personal. No debemos recurrir a expresiones como "el tiempo lo cura todo" o apurar al otro a que se dé prisa en resolver su dolor.

Tampoco podemos resolver la situación sustituyendo lo que hemos perdido por algo nuevo. Cuando a un niño que ha perdido su mascota le regalamos de inmediato otra le estamos negando la posibilidad de expresar sus sentimientos, reconocerlos, crecer y madurar. Le estamos negando un aprendizaje que le será imprescindible para su vida.

Setrata en resumidas cuentas de lo siguiente:

1. Aceptar la pérdida.
2.
Expresar emociones y sentimientos.
3.
Aprender a vivir sin lo que hemos perdido.
4.
Recuperar el interés por la vida soltando el dolor y el pasado y recordando que la vida está llena de maravillosas posibilidades que nos esperan.

El ser humano tiene dos mecanismos para avanzar:
acercarse a lo que le proporciona placer y alejarse de lo que le causa dolor.

Todo proceso de duelo  nos permite cubrir etapas fundamentales para conocernos mejor, para superar nuestros retos, nuestras dificultades, para descubrir los recursos internos que todo ser tiene, para conectar con la fuerza interior que nos permita sentirnos libres en cualquier circunstancia
Estudios clásicos sobre el duelo: Freud (1917) , Lindenmann (1944) , Marris (1954) , Clayton (1968), Parques (1970), Yamamoto (1970), Kendell (1970) , Levy (1976), Zisook (1985).