domingo, 11 de junio de 2023

El cuarteto de la felicidad

 




"El mundo no solo depende del cristal con el que se mira, sino del neurotransmisor con el que se interpreta." Dr. José Miguel Gaona.

 

A lo largo de la historia infinidad de pensadores se dedicaron en cuerpo y alma a tratar de definir y representar la felicidad. A su tarea se han unido en las últimas décadas otro grupo de pensadores (menos románticos, por cierto); los endocrinólogos y neurocientíficos, en el estudio de la felicidad como un proceso biológico, y los ha llevado a concluir qué es exactamente lo que desata dicho sentimiento desde el punto de vista físico.
Por eso hoy queremos hablar de qué sucede en el organismo cuando la alegría efectivamente se dispara y cómo podemos nosotros “motivar” ese sentimiento.

Como ya sabemos, el cerebro es el eje central que regula el funcionamiento humano. En este órgano se generan cuatro sustancias que provocan cadenas de reacciones según los estímulos que recibimos. Puede haber dolor, enfado, resentimiento, culpa; y también, alegría, disfrute, gozo y placer. Es decir, que, así como generamos reacciones que podemos definir como negativas, también es posible crearlas en lo positivo.,


Existen cuatro químicos naturales en nuestro cuerpo que suelen ser definidos como el “cuarteto de la felicidad”; que son los neurotransmisores clave en nuestro estado anímico, y se llaman endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina.

Los estudios recientes están poniendo un gran énfasis en aprovechar estos neurotransmisores para que las personas se vuelvan a “a reconectar para que puedan asimilar mejor las situaciones desafiantes de la vida. Y es que cuando tu cerebro emite uno de estos químicos, te sientes bien.

Cada químico de la felicidad tiene un trabajo especial que hacer. Y si aprendemos a estimular estos neurotransmisores la vida fluirá mejor. Por ello, queremos explicar en este  episodio de forma breve y sencilla, las funciones de cada uno, y cómo puedes entrenarte para fortalecer estas capacidades que tienes en tu cerebro, y así, mejorar la actitud con la que te enfrentas a la vida.

Veamos los cuatro químicos que contribuyen a un estado de bienestar y felicidad:

1-La DOPAMINA: El químico de la recompensa, es la sustancia cerebral que se asocia con el enamoramiento, el bienestar y las sensaciones positivas de los logros. A su vez, es una hormona que concentra la felicidad que provoca una recompensa. La dopamina es esencial en el proceso de la motivación, las ganas, el desafío de lo nuevo.

Es la que provee energía, la alerta mental, el entusiasmo y optimismo.
Como provoca los centros cerebrales del placer, también es la que genera personas con adicciones (drogas, alcohol, tabaco, etc.), ya que regula las sensaciones placenteras.

Para tener más dopamina en tu vida recomendamos:

-       duerme bien (al menos ocho horas diarias);

-       haz ejercicio con regularidad (mínimo tres veces por semana),

-       pasa tiempo al aire libre (es fundamental que tengas contacto con la luz solar),

-       toma mucha agua,

-       celebra cada logro que alcances.

-       ríe -incluso de tus propios errores- es esencial,

-    baila, escuchar música agradable, rodéate de  personas que te hacen bien, son otras formas de estimular la dopamina.

Lo cierto es que este químico se dispara tanto cuando uno da el primer paso rumbo a un objetivo como cuando lo cumple. La mejor forma de elevar la dopamina es establecerse objetivos a corto plazo o dividir en pequeñas metas aquellos objetivos que son a más largo plazo. Y celebrar, cuando uno los cumple.

2- LA OXITOCINA, El químico del amor.  Por estar relacionada con el desarrollo de comportamientos maternales y los apegos, la oxitocina suele ser llamada como “la hormona de los vínculos emocionales” y “la hormona del abrazo”. Es la hormona de la confianza y de los lazos que se tienen con los demás, contribuyendo a la empatía. El compartir, el confiar, la entrega sincera, el abrazo, la intimidad con otros, son parte de lo que provoca.

Para segregar más oxitocina en tu vida recomendamos:

-       come chocolate amargo

-       practica la solidaridad y la empatía sincera

-       mantén pensamientos obsesivos

-       da abrazos que duren al menos 20 segundos cada uno

-       besa, haz el amor

-       acaricia a tu mascota

-       crea experiencias de valor positivo que te estimulen y te hagan crecer.

-       dar o recibir un regalo es otro ejemplo de estimular la oxitocina.

 3-LA ENDORFINA: El químico contra el dolor. Considerada como la morfina del cuerpo, es una suerte de analgésico natural. Las endorfinas son la breve euforia que enmascara el dolor físico. Las endorfinas son muy conocidas como la hormona de la felicidad, y la reconoces de inmediato cuando te enamoras (porque cambia tu estado interno casi mágicamente), cuando haces ejercicio (esa sensación al terminar donde te encuentras lleno de energía y entusiasmo); cuando estás excitado y expectante por algo que te entusiasma; y también cuando comes algo muy sabroso.

Para estimular mejor las endorfinas recomendamos:

-       Reír

-       no tomarse las cosas demasiado a pecho en las relaciones con otros

-       correr; cantar; bailar;

-       nuevamente, consumir chocolate

-       el movimiento físicoque te haga bien,

-       ver películas, series y leer libros que te inspiren y te ayuden a crecer como persona;

-      practica la  respiración consciente; meditación, el mindfulness y cualquier disciplina que te conecte con la felicidad interior.

 4- LA SEROTONINA: El químico del estado de ánimo.  Actúa directamente sobre las emociones y es responsable de la sensación de bienestar, calma, generando optimismo, buen humor y las habilidades sociales; en forma opuesta, inhibe el impulso agresivo, de violencia y de ira.

Como la serotonina fluye cuando te sientes importante, su falta o ausencia genera el sentimiento de soledad y de depresión

La serotonina regula y eleva el estado de ánimo, el hambre, la ganas de tener sexo y ayuda  al sueño. Este neurotransmisor se activa cuando estamos disfrutando de cualquier actividad; las emociones se transforman en positivas y te vuelves más sensitivo a lo que sucede alrededor. Esto se traduce en mayor sensibilidad, por ejemplo, para conectar con el momento y vivir en el presente.

Para generar más serotonina te aconsejamos:

-       exponerte a la luz del sol

-       recibir masajes

-       hacer ejercicio físico, pasear, montar bicicleta.

-       hacer algo por otros; practicar la bondad

-       recordar los buenos momentos

-       buscar un nuevo significado o sentido en las situaciones dolorosas, aprendiendo de ellas

-       practicar la gratitud varias veces al día;

-       dormir lo suficiente

-       hidratarte en cantidades abundantes (mínimo dos litros de agua por día).

 

Ps. Rocxana Croce P.


viernes, 12 de mayo de 2023

¿Cómo saber si debo de ir al psicólogo?

 

«La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar». 

Carl Rogers.

Muchas personas, en algunos momentos de su vida, particularmente si son situaciones nuevas o estresantes, pueden llegar a preguntarse: ¿puedo gestionar estos problemas por mí mismo/a o necesito acudir a algún profesional? ¿En qué ocasiones se puede/debe acudir a un psicólogo? ¿Existe alguna señal de alerta en estas circunstancias?

A lo largo de nuestra vida y en nuestro desarrollo personal, todos los seres humanos pasamos por determinadas circunstancias difíciles y complicadas que nos hacen sentir y encontrarnos mal, tristes, solos, desmotivados, nerviosos, agobiados.

Este malestar puede llegar a bloquearnos, dificultando encontrar soluciones e interfiriendo en nuestro funcionamiento habitual.

Aunque es algo muy personal, estas circunstancias donde las emociones que nos hacen sentir mal aunado a los problemas que nos impiden vivir la vida que deseamos o que nos generan un gran sufrimiento, son un punto de inflexión donde suele ser conveniente pedir ayuda para poder identificar y analizar el problema y encontrar soluciones adaptativas.

 

Algunos de los indicadores más comunes para saber cuándo acudir al psicólogo son:

1-La apatía, cuando se ha perdido o reducido considerablemente la ilusión, las ganas y la capacidad de disfrutar de actividades que antes nos parecían atractivas. Sientes que no vale la pena nada.

2-Utilizar conductas negativas como forma de evasión, por ejemplo, usar o abusar del alcohol, el cigarro u otras drogas para evitar o eliminar ciertas preocupaciones o problemas que son recurrentes es una señal de que algo no está funcionando de forma adecuada.

3-No superar problemas o situaciones del pasado que te impiden seguir hacia adelante. Sentir que algunos acontecimientos o hechos pasados te afectan más de lo esperado, quedando enredado en esa situación e impidiéndote superarlo y afrontar el futuro con optimismo y esperanza.

4-Sentirse incapaz de resolver problemas que pueden surgir en diferentes ámbitos de la vida como el familiar, social, laboral.  Puede que se hayan puesto en práctica distintas opciones para resolver la situación, pero se hayan fracasado, por lo que uno empieza a dudar de sus capacidades personales.

5-No saber identificar o gestionar nuestras emociones, teniendo respuestas poco ajustadas o desproporcionadas a la situación. Sentirse irritable, agresivo, con cambios de humor, llanto fácil, etc.

6-Cuando tus pensamientos negativos son muy recurrentes y te agobian o te limitan.

7-Cambios en el apetito, el sueño con presencia de insomnio, agotamiento y pensamientos obsesivos o disminución en el deseo sexual sin aparente explicación.

8-Problemas físicos como consecuencia de somatizar ciertos problemas, dolores en distintas zonas del cuerpo, presión en el pecho, incremento de la frecuencia cardiaca, hiperventilación, sudoración…etc.

9-Cuando los problemas te rebasan en tu vida, exceden tu límite de control y no puedes manejarlos por ti solo. No encuentras la manera de resolverlos.

 

¿Necesito ayuda psicológica?

La ayuda psicológica es un tratamiento común para diversos problemas de salud mental. Esta es recomendable cuando un  problema interfiere con nuestro funcionamiento y vida diaria. Puede ayudarnos a entender lo que está sucediendo y desarrollar las herramientas necesarias para lidiar con ello.

Por ejemplo, si estás preocupado por alguna conducta o sentimiento que estás teniendo, podría ser una buena opción. O cuando notas que tienes dificultades en distintos aspectos de tu vida, o te está costando lidiar con ellas, también, si te está siendo difícil cuidar de ti.

 

Veamos los beneficios de la ayuda psicológica

Considera la consulta psicológica como  un espacio de seguridad, donde podrás expresar y comunicar todas tus dudas, miedos y problemas sin temor a sentirte juzgado o criticado.

El mismo hecho de ser escuchados, aceptados y validados ya es en sí mismo terapéutico y puede ser de gran ayuda.

Los psicólogos y psicólogas somos personas formadas en el conocimiento científico, la ética y la imparcialidad que brindamos en la asesoría especializada que permite al consultante o paciente, el análisis funcional de determinada situación, episodio, conflicto que lo aflige o agobia y lo guiaremos y supervisaremos, mediante un proceso de redescubrimiento personal,  rompiendo con esa “visión de túnel” que muchas veces nos impide ver más allá del problema y encontrar soluciones que brinden bienestar y una mejor calidad de vida a la persona en busca de ayuda.

Sin embargo, el psicólogo no sólo te ayudará a solventar una situación de crisis, problema, conflicto o trastorno, si no que te ayudará a conocerte, cuidarte y dirigir tu vida hacia los valores que realmente son importantes para ti, con la autoestima necesaria.

 

 Por tanto, la terapia psicológica nos ayuda a lo siguiente:

1.Aprender nuevas herramientas para lidiar con los problemas

2.Sanar heridas y soltar patrones

3.Mejora de habilidades de comunicación

4.Mejores relaciones interpersonales

5.El Empoderamiento para hacer cambios por nosotros mismos

6.Mejorar las funciones cognitivas

7.Una Mejora en la salud física

8.Mayor satisfacción, bienestar y felicidad

 

Ir a psicoterapia es regalarnos esa oportunidad para conocernos, aprender, sanar y crecer. 

Es un espacio seguro, guiado por un especialista, donde podemos expresar lo que estamos viviendo y sintiendo, y donde aprendemos las herramientas necesarias para construir la vida que realmente queremos vivir.

 

En resumen, entre otras cosas, una consulta psicológica puede ayudarte a:

Disminuir y/o aprender a convivir con los síntomas que interfieren en tu vida.

Encontrar y analizar el origen de esos síntomas, pudiendo trabajar desde la raíz todas las circunstancias, comportamientos y emociones vinculadas al conflicto.

Trabajar en el autoconocimiento, desarrollando a la par la autoestima y confianza en sí mismo.

Fomentar estrategias y habilidades personales que mejorarán tu resiliencia.

Hacer conscientes tus valores, principios y objetivos, adoptando un mayor compromiso con ellos y potenciando una actitud más activa en el logro de tus metas.

Desarrollar tu asertividad mediante técnicas de comunicación, resolución de conflictos, habilidades sociales, … Que te sean útiles no sólo para resolver el problema actual, si no cualquier posible reto futuro.

 

¿Por qué cuesta ir al psicólogo?

Existe, pero cada vez es menos, un estigma sobre la salud mental. Pensamos que la mente es diferente al cuerpo, que están separadas. Pero no es así. No hay salud sin salud mental. Cuerpo y mente están integradas, se relacionan. Igual que cuidamos nuestro cuerpo cuando nos rompemos un hueso o sentimos dolor tenemos que cuidar nuestra mente.

Otra creencia es pensar que si vas a terapia es dependencia, fragilidad, debilidad. Y, ¡al contrario! Ir al psicólogo es adquirir herramientas, recursos, conocerse. Ir a terapia es una decisión muy valiente y te hace libre, consciente.

 

 Minimizamos nuestras experiencias

En muchas ocasiones no validamos nuestros problemas y nos decimos que aquello que nos sucede no es motivo suficiente, no es para tanto. Pero por mínimo o sinsentido que consideres tu dolor, está aquí contigo y necesita tu atención.

Puede ser que los problemas en tu vida no sean realmente graves, pero no es necesario estar en el peor momento de tu vida para sentirte mejor.

 

Algunos ejemplos de aspectos que se pueden tratar en terapia, sin necesidad de tener un diagnóstico son:

Acerca de gestión emocional. Una emoción que te atraviesa y te cuesta canalizar ya es un gran motivo para ir a terapia.

Sobre la Autoestima. La autoestima es una raíz en nuestra vida. Si tienes inseguridades, miedos, te tratas desde la crítica, etc.

En situaciones de duelo. No tiene por qué ser tras la pérdida de un ser querido. Puede ser también una ruptura (sentimental, familiar, amical, laboral), una pérdida en tu vida que tienes que integrar.

Acerca de problemas de comunicación.

Temas referentes a la sexualidad. Por desgracia estos problemas se viven desde el silencio, pero son comunes y otro buen motivo para pedir ayuda.

Revisa todas tus áreas vitales y observa si hay alguna de estas áreas en la que puedas sentirte mejor.

 

Conclusión

Tomar la decisión de acudir al psicólogo y comenzar un proceso de psicoterapia es una decisión personal, a veces difícil porque aún convivimos con ciertos prejuicios sobre la salud mental, por ejemplo, que para acudir a un psicólogo se debe de tener un problema mental grave o estar en una situación muy complicada, lo que dificulta acudir a consulta y sólo agrava más el cuadro de sufrimiento.

Sin embargo, y como hemos visto, son muchas las situaciones en las que se podrían utilizar los servicios de un psicólogo y sus beneficios son indudables.

Si en algún momento sientes que toca invertir en ti, hazlo, que tu bienestar florezca para vivir de forma plena.

Y recuerda que los psicólogos  de algún modo tocamos el alma de las personas, porque exploramos y tratamos con las emociones, el comportamiento y el pensamiento humanos.


Ps. Rocxana Croce P.


lunes, 17 de abril de 2023

LA CONVIVENCIA


 "Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos." Martin Luther King 

Ps. Rocxana Croce P.

Las relaciones basadas en el buen trato, el respeto y la convivencia en armonía contribuyen a construir una vida libre de violencia.

La convivencia es la capacidad de vivir juntos, entre todos los integrantes de la familia.

Como todas las facetas de nuestras vidas, la convivencia necesita un aprendizaje.

Desde que somos pequeños estamos relacionándonos con otras personas, tanto en el ámbito familiar como en el colegio, el trabajo, el vecindario. Vamos aprendiendo una serie de normas que van a regir nuestras relaciones sociales. 

En el ámbito familiar o con nuestro grupo de amigos y compañeros, debemos aplicar conceptos tales como tener paciencia, saber escuchar, respetar las ideas y opiniones de los demás, hablar con respeto, etc.

Las relaciones interpersonales forman parte intrínseca y esencial de la vida, ya que no se vive en el absoluto aislamiento.

De este modo, la convivencia hace referencia a la coexistencia, el acompañamiento constante, de individuos o grupos humanos compartiendo un espacio determinado, siendo ejemplo de ello, los contextos de convivencia familiar, escolar.

Durante una interacción pueden surgir diferentes conflictos e inconvenientes que pueden incluso derivar en disputas o pleitos.

La convivencia sana se sustenta en fomentar el respeto y tolerancia por las ideas ajenas, hábitos y costumbres, la responsabilidad con el otro y la solidaridad, sea en el hogar, en el aula académica, o en la vida en general.

Por otra parte, uno de los principales elementos que favorecen la convivencia dentro del hogar es la capacidad de resolver los conflictos, que se presentan en las diferentes etapas de la vida.

Los conflictos en las familias son parte de la convivencia, motivo por el cual es fundamental tener en cuenta que resolverlos de manera saludable fortalece la estructura familiar, incrementa la cohesión y el sentimiento de pertenencia.

Los conflictos se entienden como aquellas situaciones en las que dos o más personas perciben o tienen posiciones, valores, intereses, aspiraciones o necesidades diferentes o contrarias.

Pero el sólo hecho de pensar distinto no genera un conflicto, sino que este surge cuando frente a un asunto cada una de las partes considera tener la razón, lo que genera una situación de contraposición o pugna de ideas

Veamos cuáles son los elementos para una buena convivencia

- El respeto: Cuando establecemos cualquier tipo de comunicación con otra persona, la primera premisa es aceptar la dignidad de esta persona como tal, sin prejuicios ni discriminaciones, y entender que puedan tener pensamientos y opiniones distintos a los nuestros.

- La empatía: como la valiosa capacidad de colocarse en el lugar del otro.

-La comunicación: que permite el entendimiento y comprensión de las ideas y sentimientos frente a los hechos que relacionan a las personas, sin comunicación, sin diálogo es difícil mantener una saludable convivencia.

- La inteligencia: y es que, en las relaciones sociales, las buenas intenciones no son siempre suficientes. Cuantas veces hemos visto a personas que tienen el  don de la impertinencia y molestan continuamente sin ser conscientes de ello. Para tratar con inteligencia a los demás, es importante saber escuchar e intentar conocer a la otra persona y, en caso contrario, saber callar en determinados momentos. Una persona social y emocionalmente inteligente sabe estar y comportarse con personas muy diversas, social y culturalmente, aunque haya tenido quizá menos formación en la infancia. 

- La educación: Es una de las bases de una buena convivencia, y viene desde el seno de cada familia nuclear. Somos reflejo de la educación que nos han dado nuestros padres en nuestros hogares.

 

Y ¿cuáles son los Factores negativos para la convivencia?

- Los prejuicios: Estos implican una mala predisposición a la convivencia, lo que nos hará tener una actitud negativa ante los demás dificultando enormemente la relación. El prejuicio va en contra del respeto que cada persona merece.

- La intransigencia: Convivir con los demás supone un esfuerzo en conseguir puntos de acuerdo. Para ello, todas las partes deben ceder a menudo en sus posturas. Cuando alguien nunca está dispuesto a ceder, la convivencia no es posible, se podrá producir una relación de sometimiento o subordinación, pero nunca de auténtica convivencia.

- La falta de comunicación: "Hablando se entiende la gente" es un dicho popular realmente acertado a este respecto. Cuántas veces la falta de comunicación provoca situaciones difíciles en todos los ámbitos de nuestra vida, que podrían ser resueltas con una simple conversación.

 

Hablemos de La convivencia en el mundo actual

El ritmo de la vida actual y la revolución en las comunicaciones han creado un doble efecto: por un lado, hemos aumentado la cantidad y diversidad de personas con las que nos relacionamos, pero por otro, la calidad de la relación entre las personas se ha hecho más superficial.

La vida en las ciudades tiene hoy en día un común denominador:  es la falta de tiempo. Sin duda, Las prisas y el estrés no son buenos aliados para la convivencia.

Las relaciones en muchos casos se limitan a un simple saludo y la convivencia familiar se afecta en tanto el cansancio del día a día, del estrés laboral, las obligaciones académicas, las actividades del propio hogar.

En medio de ello, es evidente el impacto que los aparatos electrónicos como el celular, la Tablet, la computadora, La televisión, que muchas veces no dejan de funcionar
durante gran parte del día y comienza a sustituir las conversaciones entre los miembros de la familia.

Por tanto, es necesario poner los límites, que se expresan en todos los sentidos, y permiten regularnos desde el trato en la convivencia misma con las demás personas.

Establecer límites claros es necesario para una buena interacción, pero no siempre se trata ni se  conversa de antemano. 

Esta es una actitud coherente con nuestros principios y valores y en armonía con las otras personas porque permitirá desarrollar una relación madura, sana, donde el respeto será la variable que se imponga sin necesidad de estarla pidiendo. 

Por ello, para que funcione la convivencia entre las personas, esta debe ser entendida como un equipo, donde es probable que existan tensiones y conflictos, pero intentando que las mismas no se nos escapen de las manos.

Ayuda mucho a la convivencia, Distribuir roles y funciones.  Conviene además que a pesar de los espacios a veces limitados, cada persona tenga sus propios tiempos, sus momentos y estos sean respetados.

Para que exista una convivencia sana, deben existir los valores como la tolerancia, la justicia, la paz, la solidaridad y la libertad, entre otros; primando, sobre todo, la empatía en las relaciones con los demás. Al mismo tiempo, existen un conjunto de normas necesarias dentro de la interacción social que garantizan y regulen las buenas relaciones en cualquier ámbito. 

 

Decálogo para una convivencia armoniosa

Este decálogo se refiere a  estrategias para la sana convivencia, y poder  mejorar las relaciones familiares, amicales, entre otros.

1. Comunicarse de forma adecuada

La falta de atención, la poca claridad, la poca escucha, pueden producir que un miembro de la familia, el aislamiento o sentirse poco incluido. Si, por el contrario, conseguimos una buena comunicación sobre todo asertiva, los miembros se sentirán cómodos para expresar lo que sienten y lo que no les gusta.

2. Expresa tus emociones

Cuando somos capaces de expresar aquello que sentimos, hay más posibilidades de que se nos entienda. Es decir, hay empatía entre las partes, y lo importante es crear un ambiente de confianza, sin mentir, ni ocultar.

3. No juzgues o etiquetes

Cada persona tiene sus propias circunstancias y sus motivos por los cuales hace las cosas, por eso, dentro de las estrategias para la sana convivencia lo mejor es no juzgar y tratar de entender las razones que le han llevado a una persona, actuar de determinada manera.

4. Evita las comparaciones

Cada uno es diferente, con lo bueno o con lo no bueno; por  eso las comparaciones que de por si son odiosas, afectan la sana convivencia y solo tienden a generar inseguridad o malestar.

5. Usa el sentido del humor

El humor y las bromas permiten crear un clima positivo, donde predomina el buen humor y se activan nuestras endorfinas. Solo se debe de tener cuidado en no caer en el sarcasmo o las bromas de mal gusto que pueden afectar.

6. Muestra tu afecto

Es importante que, para la sana convivencia, el afecto se tome en cuenta y se exprese, acompañado con gestos como los  abrazos, para que sientan más seguridad, apoyo y cariño.

7. Respeta el espacio de cada uno

Cada persona necesita sentir que tienen su propio espacio, por eso se aconseja evitar invadir el espacio personal de cada uno, respetando los límites.

8. Celebra los logros de los miembros

Reconoce y apoya cuando algún miembro ha hecho algo bien o especial. El motivarse unos a otros, hace que entre todos consigan las metas propuestas.

9. Distribuye equitativamente las tareas del hogar

Lo más sano es que todos se unan para llevar a cabo las tareas de manera equitativa. Suele pasar que se carga de más labores a un miembro, y finalmente termina abrumado por la cantidad de trabajo. Lo conveniente es establecer rutinas en las tareas teniendo en cuenta la edad y el tiempo del que dispone cada uno.

10.Dediquense tiempo

De la misma manera que se necesita tener un tiempo personal, es necesario tener momentos para poder compartir inquietudes, distracciones, u otros planes que los unan. Desconectarte del mundo virtual un rato, compartir en familia algo distinto al trabajo y los estudios, y comunicarse de forma tranquila, son algunas de las consideraciones más efectivas que podemos implementar en tu vida diaria.

La convivencia es un arte.

martes, 28 de marzo de 2023

Diferencias entre el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad

 

El estado de tu vida no es más que un reflejo del estado de tu mente. 

Wayne Dyer.

En el ser humano el componente emocional es muy importante puesto que nos permite valorar la relación de nuestra existencia con lo que ocurre alrededor nuestro y que nos motivan a diversos tipos de comportamiento.

Por ejemplo, La  tristeza nos lleva a evitar repetir situaciones de pena.  La alegría nos motiva  a repetir conductas que nos proporcionan ese estado de bienestar, lo mismo que el placer. El miedo nos lleva a que evitemos ciertos estímulos o situaciones que nos producen temor, incomodidad, preocupación o angustia. El amor y el odio nos conducen a acercarnos o alejarnos de personas, o situaciones.

Las emociones no son inmutables y van cambiando en base a los acontecimientos.

Sin embargo, existen diferentes trastornos en los que aquellos que lo padecen, sufren cambios rápidos en la emocionalidad que no pueden controlar y que les hacen sufrir, experimentar malestar, afectando la calidad de su vida y el bienestar que todo ser humano persigue.

Específicamente, hoy hablaremos de dos tipos de  Trastornos, que, si bien comparten algunos síntomas parecidos y a veces incluso pueden llegar a confundirse, tienen diferencias que analizaremos en este episodio:  nos estamos refiriendo al Trastorno Bipolar y el Trastorno Límite de la Personalidad o TLP.

 

El trastorno límite de la personalidad (TLP) o también conocido como Borderline, es un trastorno de la salud mental que se caracteriza por patrones constantes de emociones inestables, con dificultad para la regulación de las emociones.

Los científicos no están seguros de la causa del trastorno límite de la personalidad, pero diversas investigaciones sugieren que los factores genéticos, ambientales y sociales pueden aumentar el riesgo de desarrollarlo.

Las personas que tienen un trastorno límite de la personalidad realizan muchas conductas de manera impulsiva y suelen tener relaciones confusas y problemáticas con los demás.

Se trata de personas que manifiestan una gran sensibilidad ante estímulos emocionales, viviendo cada una de sus emociones de manera exageradamente intensa.

El TLP  impacta en la forma en que la persona piensa y siente acerca de sí mismo y de los demás.  Incluye problemas de autoimagen, dificultad para manejar las emociones y el comportamiento, y un patrón de relaciones inestables.

Con el trastorno límite de la personalidad, se tiene un temor profundo al abandono, hay dificultad en tolerar estar solo. Sin embargo, la ira, la impulsividad y los frecuentes cambios de ánimo pueden alejar a los demás, pese a que quisiera la persona, tener relaciones afectuosas y duraderas.

Entre los síntomas que presentan las personas con trastorno límite de la personalidad se encuentran los siguientes:

1-Presencia de Relaciones interpersonales inestables que alternan sentimientos de amor y odio hacia otra persona, en frases como "¡Estoy tan enamorado!"  y "la odio".

2-Una Autoimagen distorsionada e inestable, que afecta al estado de ánimo, valores, opiniones, metas y relaciones interpersonales.

3-Conductas impulsivas que pueden tener resultados peligrosos o de riesgo tales como gasto excesivo, sexo no seguro, abuso de sustancias o conducción temeraria.

4-Posible comportamiento suicida y autolesiones.

5-Períodos de intensos estados de ánimo de la persona, sea depresivo, de irritabilidad o ansiedad, puede variar de manera constante durante el día y puede durar desde minutos a horas, o unos pocos días.

6-Sentimientos crónicos de aburrimiento, soledad o vacío emocional.

7-Presencia de ira inapropiada, intensa o incontrolable, a menudo seguido de vergüenza y culpa.

8-Cambios de humor extremos

 

El trastorno bipolar (TB) o trastorno maniaco- depresivo, este es uno de los trastornos del estado de ánimo que se caracteriza por la alternancia entre fases maníacas y fases depresivas.

La causa es en su origen, esencialmente, biológica y genética. 

Las personas que tienen un trastorno bipolar presentan una serie de síntomas durante sus distintas fases.

Por ejemplo, durante la fase de manía pueden tener un estado de ánimo eufórico, su nivel de energía aumentada, suelen hablar mucho, sienten que son capaces de lograr absolutamente todo lo que se propongan, por lo que muestran tener una autoestima muy elevada, con  sentimientos irreales de importancia, suelen dormir menos o sentirse descansados después de solo unas pocas horas de sueño, hay presencia de pensamientos acelerados, con posibilidad de  realizar conductas de riesgo o irresponsables debido a que no son capaces de medir bien el peligro, actúan muchas veces por impulso y se distraen fácilmente.  Un episodio maníaco puede interferir en su capacidad para desempeñarse de manera adecuada en la vida.

En la fase de depresión, ocurre todo lo contrario, por lo que la persona puede comenzar a experimentar sentimientos de inutilidad, su energía disminuye considerablemente, presenta pensamientos muy negativos y catastróficos e incluso puede llegar a tener ideas suicidas, actúa con lentitud y torpeza, puede llegar a evitar el contacto con los demás, incluso pueden dejar el trabajo, entre otros síntomas propios de la depresión.

Estas fases pueden llegar a durar unos días, semanas, meses. Es necesario mencionar que los altibajos emocionales que presentan las personas con trastorno bipolar no son iguales a los que tenemos todos normalmente.

 

Veamos las diferencias entre el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad

A pesar de que estamos hablando de trastornos que tienen muchas similitudes en cuanto a síntomas, también cuentan con ciertas diferencias y es importante tener claro cuáles son para no confundirlos.

1-El trastorno bipolar está clasificado dentro de los trastornos de estados de ánimo y el TLP está dentro de los trastornos de la personalidad.

2-En el trastorno límite de la personalidad, los cambios en el estado de ánimo se producen de manera constante y poco duradera. Una persona con TLP tiene cambios constantes de humor durante el día que pueden durar minutos u horas, en cambio, una persona con trastorno bipolar alterna entre una fase maniaca y una depresiva, durando cada una de ellas días, semanas o meses.

3-En casos graves del trastorno bipolar, la persona puede llegar a perder el contacto con la realidad (pueden presentar delirios y alucinaciones), en cambio en el TLP esto no ocurre.

4-Las personas con trastorno límite de la personalidad actúan todo o casi todo el tiempo de manera impulsiva, mientras que las personas con trastorno bipolar, únicamente lo hacen cuando se encuentran en la fase maníaca.

 

Hablemos acerca del  tratamiento,  partiendo de un diagnóstico preciso y oportuno.

En el tratamiento para el Trastorno Límite de Personalidad, los medicamentos no se usan como el tratamiento principal, ya que los beneficios no son claros. Sin embargo, en algunos casos, un psiquiatra puede recomendar medicamentos para tratar síntomas específicos o trastornos mentales concurrentes o asociados, como depresión.

También el tratamiento incluye el apoyo familiar y la psicoterapia sobre todo con el enfoque de la Terapia Cognitiva Conductual (TCC) es una forma de intervención psicoterapéutica en la que destaca la reestructuración cognitiva que puede ayudar a las personas con este trastorno a identificar y cambiar las creencias fundamentales o los comportamientos derivados de la percepción equivocada de sí mismos y de otros, así como los problemas que tienen para interactuar con los demás. Este tipo de terapia puede ayudar a disminuir los cambios de estado de ánimo y los síntomas de ansiedad, así como reducir el número de conductas suicidas o autodestructivas.

Además se recomienda la Terapia Dialéctica Conductual (TDC), que se basa en la relación entre el cambio y la aceptación o la autovalidación, es decir, tener la capacidad de auto aceptarse, pero tomando en consideración la necesidad de cambio.  Este tipo de terapia también enseña habilidades para controlar las emociones intensas, reducir los comportamientos autodestructivos y mejorar las relaciones.

El tratamiento del Trastorno Bipolar, suele ser más complicado y está mucho más centrado en el uso de fármacos, psicoeducación y psicoterapia, de preferencia la terapia cognitivo conductual que ha demostrado eficacia para controlar la enfermedad.

Se recomienda aprender y adoptar un estilo de vida saludable, cuidando las horas de sueño, evitando el consumo de drogas, realizando ejercicio físico, etc. que ayudan a prevenir y controlar los síntomas.

Por último, es importante saber que, si la persona aprende a aceptar su afección o enfermedad y reconoce lo que debe hacer para tratarla, buscando el apoyo necesario y oportuno, ello puede marcar una gran diferencia a su favor.

Ps. Rocxana Croce.


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