sábado, 20 de mayo de 2017

¿CÓMO RESOLVER EL VACÍO DE UNA MASCOTA?

TROTSKY, NUESTRO COMPAÑERO DE CUATRO PATAS
Hasta que uno no ha amado un animal, una parte del alma sigue sin despertar. A. France


Ps. Rocxana Croce P.

No acostumbro a extenderme cuando escribo, pero esta vez será conforme salgan las palabras de mi corazón.

Quiero expresar que a veces olvidamos que no somos para siempre, que la vida es el instante presente (Aquí-Ahora) y que toda eternidad es solo una quimera frente la realidad.

Y es que hace unos días nuestro compañero de ruta familiar, nuestra mascota, nuestro querido Trotsky III (en honor a nuestros antecesores canes que llevaban el mismo nombre), dejó de viajar a nuestro lado para tomar impulso a otra dimensión, que seguro será realmente eterna.

Nuestro perro era un buen guardián, que cumplía fielmente su trabajo de cuidador de la casa con sus potentes ladridos que parecía que vinieran de un león, siendo él más bien de tamaño mediano y alargado, un cruce de Cocker, para ser más exactos un “Chuscocker”.

Trotsky siempre fue territorial y celoso de su espacio; era su forma primaria de demostrar sus afectos y pertenencias; claro también tenía ese lado amable y tierno que por algunos momentos dejaba mostrar rendido ante las caricias y las palabras de cariño que le decíamos al despertar, al despedirnos, al llegar de la calle, en las noches o al verlo simplemente caminar cerca de nosotros.

Y aprendió a sonreír y cada vez que llegábamos era una felicidad demostrada en su cuerpo a través de su frondosa cola y sus movimientos cimbreantes; así como cuando salíamos a su rutina de paseos y se retozaba en cualquier parte de cemento que fuera áspera porque pareciera que esto le causaba una peculiar sensación de placer; o cuando husmeaba entre las plantas tratando de atrapar algún insecto sobre todo volador, porque él era un buen cazador.

Trotsky tenía su personalidad y aprendimos a convivir con ella, aprendimos también que debíamos vencer ciertas situaciones y enfrentarlas. El también aprendió a ser más domesticado, un poco más obediente, aun cuando trataba de imponerse sobre todo cuando tenía su plato de comida frente a él y no quería que nadie lo interrumpiera o se le cruzara en su camino.

Su lado lúdico estaba demostrado por su gran gusto por el fútbol, demostró ser un concentrado arquero que cubría su arco dando unos buenos brincos  o estirándose en el piso para alcanzar su pelotita verde, pocas veces lográbamos meterle un gol.

Extrañamos a Trotsky porque  es difícil llenar el vacío de una mascota querida, sobre todo cuando no esperábamos que sucediera (lo inesperado nos asusta más).

No entrare en detalles sobre las causas de su partida, solo decir que él ya está descansando y por el momento no hay reemplazo porque cada mascota es única, deja su propia huella en los corazones de su familia, porque forman parte de ese núcleo que los acoge y los quiere, así como entró en mi familia estos cinco años de su existencia.

El tiempo como siempre será el gran aliado, hay que seguir adelante así como ellos nos enseñan a que aceptemos la vida sin cuestionamientos y sí con gran determinación y optimismo.

Finalmente recojo las palabras de una querida amiga que me escribió éste mensaje:
“Trotsky… sé que deja un vacío grande pero cuando el dolor sea más soportable, será bonito recordarlo y dar las gracias que formó parte de tu vida y tu familia”.

Te queremos Trotsky.